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Crítica de “Pinocho sin cuerdas”: un muñeco con ganas de matar

El clásico de Carlo Collodi se convierte en una película de terror gore con Robert Englund como la voz de Pepe Grillo y Richard Brake en el papel de Geppetto.

Crítica de “Pinocho sin cuerdas”: un muñeco con ganas de matar
miércoles 28 de octubre de 2026

Truculenta hasta el exceso, Pinocho sin cuerdas (Pinocchio: Unstrung, 2026) se integra al Twisted Childhood Universe, la franquicia de Rhys Frake-Waterfield, creador de Winnie the Pooh: Sangre y miel (Winnie-the-Pooh: Blood and Honey, 2023), que reinterpreta los grandes clásicos de la literatura infantil en clave de horror. Sin embargo, el muñeco de madera tiene una ventaja para este viaje al terror: ya en el relato original es una criatura inquietante. Disney suavizó su imagen, mientras que Guillermo del Toro y los italianos Matteo Garrone y Roberto Benigni conservaron, desde distintas perspectivas, su condición inhumana para explorar las contradicciones del cuento.

En esta ocasión, por el contrario, la lógica narrativa de Carlo Collodi queda prácticamente descartada. Pinocho sin cuerdas está más cerca de una versión truculenta de Mi pobre angelito (Home Alone, 1990) que de la historia del muñeco que quería convertirse en un niño de verdad. La aspiración a la humanidad aparece mencionada, pero pronto se diluye en una trama convencional de venganza.

James (Cameron Bell) es un niño que perdió a uno de sus mejores amigos a causa de una enfermedad. Para combatir la soledad de su hijo, su padre, Geppetto (Richard Brake, 31, Los 3 del infierno, Mandy), le construye un muñeco de madera. Cuando James lo lleva al colegio y sus compañeros comienzan a acosarlo, Pinocho responde organizando una sanguinaria matanza. La premisa transforma el clásico infantil en una fantasía de represalias donde el bullying funciona como disparador de una violencia desmedida.

A su favor, la película tiene sentido del humor. Sin convertirse en una comedia, se ríe descaradamente de su propia lógica —o, mejor dicho, de su falta de lógica— narrativa. Esa actitud autoconsciente permite sobrellevar los excesos, desde el aspecto artificial del muñeco animatrónico hasta las muertes más sangrientas. Los desmembramientos, deliberadamente ridículos, forman parte de un espectáculo que busca provocar tanto por su brutalidad como por su absurdo.

Robert Englund, actor que supo interpretar a Freddy Krueger en el pasado, presta su voz a Pepe Grillo, también recreado mediante un animatrónico, en una producción que conoce sus limitaciones y las convierte en parte de su identidad. Pinocho sin cuerdas abraza su condición de cine clase B, con escasos recursos, exabruptos visuales y una violencia que no pretende tomarse en serio. El problema es que, detrás de la sangre y el humor negro, se diluye la potencia inquietante del personaje de Collodi, mientras el célebre muñeco de madera queda reducido a una mera estrategia de marketing.

5.0
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