Teatro Metropolitan
Crítica de "Las cautivas": la obra de Mariano Tenconi Blanco con Laura Paredes y Lorena Vega que reinventa la mitología nacional
Con Laura Paredes y Lorena Vega, dramaturgia y dirección de Mariano Tenconi Blanco y música en vivo de Ian Shifres, "Las cautivas" sigue la fuga de una francesa y una mujer indígena por la pampa del siglo XIX. Las actuaciones y una puesta que articula drama, comedia y romance sostienen una revisión de los mitos con los que se narró la nación.
La pregunta por quién cuenta la historia atraviesa Las cautivas, la aclamada obra escrita y dirigida por Mariano Tenconi Blanco, protagonizada con maestría por Laura Paredes y Lorena Vega, y musicalizada en vivo por Ian Shifres. Su punto de partida recupera una escena que la literatura argentina convirtió en fundamento de su imaginación: el malón, el rapto y la mujer europea llevada más allá de la frontera. Sin embargo, el relato cambia radicalmente de rumbo cuando otra mujer interviene en ese destino. La fuga que emprenden juntas permite revisar críticamente las categorías con las que históricamente se narraron el territorio, la pertenencia y la conquista.
La acción se sitúa a mediados del siglo XIX. Celine, una joven francesa interpretada por Laura Paredes, es secuestrada durante su boda. En medio de la tribu, Rosalila, una mujer indígena encarnada por Lorena Vega, decide salvarla. Ambas escapan e inician una intensa travesía por la pampa, sometidas al hambre, las inclemencias del clima, enfrentamientos y encuentros inesperados. La aparición de animales, soldados, una niña enferma y ríos correntosos construye una epopeya donde sobrevivir exige aprender a convivir con la alteridad.
En ese desplazamiento geográfico y emocional reside el núcleo de la propuesta. Rosalila ocupa el lugar de quien rescata, decide y abre una posibilidad de emancipación, desarmando la tradicional distribución de roles que el imaginario patriarcal y civilizatorio reservó para la mujer blanca y los pueblos originarios. Celine deja de ser la víctima pasiva cuya restitución debe reparar un orden moral. La profunda relación que se forja entre ambas cuestiona ese mandato y transforma el viaje en una búsqueda que trasciende el mero retorno.
Dramatúrgicamente, Tenconi Blanco trabaja sobre la tensión estructural entre la fascinación porteña por Europa y la negación histórica de las culturas originarias. La procedencia francesa de Celine introduce esa jerarquía en el vínculo: lo europeo como medida de civilización frente a la supuesta barbarie. No obstante, la convivencia salvaje somete la teoría a la urgencia de la experiencia: los cuerpos sufren, se agotan, discuten y se necesitan mutuamente. Las clasificaciones heredadas pierden validez cuando lo único que importa es la supervivencia.
En este marco, la pampa argentina adquiere una dimensión poética y política que supera el simple paisaje decorativo. Es el espacio fronterizo donde las protagonistas pierden sus certezas y negocian cada paso. La libertad de la huida no exime la exposición constante al peligro, dejando en evidencia que salir del cautiverio no resuelve de inmediato los prejuicios ni las dependencias culturales.
Las interpretaciones de Laura Paredes y Lorena Vega constituyen el pilar fundamental de la puesta. Su química escénica permite que el conflicto progrese a través del contraste, el choque y la fascinación mutua, transicionando con fluidez por registros que van de la comedia al drama, del romance a la tragedia. La dirección organiza estos cambios de tono con notable precisión: el humor aporta distancia crítica frente a los mitos patrios, mientras que la música en vivo de Ian Shifres otorga una dimensión de presente absoluto al relato. En definitiva, Las cautivas devuelve una pregunta incisiva al teatro y a la historia: qué narraciones emergen cuando quienes fueron relatadas como posesión o ausencia toman finalmente la palabra.