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Crítica de “Poseída en el desierto”: Guy Pearce y un western satánico con espíritu tarantinesco
La película escrita y dirigida por Ned Crowley combina el terror sobrenatural de “La profecía” con la violencia despiadada y la mezcla de géneros de Quentin Tarantino.
“No existe la maldad, existen los hombres malos”, dicen en Poseída en el desierto (Killing Faith, 2025), un western sobrenatural que lleva su idea del horror al extremo y que, por momentos, parece salido directamente de la cabeza de Quentin Tarantino.
En 1859, una esclava recién liberada (Dewanda Wise) emprende un viaje por el desierto de Arizona con su misteriosa hija caucásica, convencida de que está poseída porque todo lo que toca termina muriendo. Para salvarla, convence al doctor Bender (Guy Pearce), un médico viudo y marcado por la muerte de su familia, para que las acompañe hasta un pueblo lejano donde un reverendo con supuestos poderes de curación (Bill Pullman) podría ayudarlas. Así comienza un recorrido por un paisaje árido y hostil donde la enfermedad, la fe y el satanismo empiezan a mezclarse de manera cada vez más inquietante.
La película tiene algo de Del crepúsculo al amanecer (From Dusk Till Dawn, 1996) en esa manera de mezclar géneros y llevar la violencia hacia lugares inesperados. Sus personajes son seres malditos, perdedores que parecen condenados desde el comienzo y que atraviesan el desierto enfrentándose, de una u otra manera, con sus propios demonios. Acá no hay héroes ni grandes gestas, mucho menos una búsqueda de redención. Solo un viaje cada vez más oscuro por un paisaje donde la fe y la superstición van de la mano.
Todo está contado sin demasiados subrayados y con una galería de personajes bastante particulares. Son tipos extravagantes, siniestros y derrotados que aparecen y desaparecen en medio de ese páramo de muerte. Mientras tanto, la niña es trasladada por esas tierras áridas casi como si fuera una cruz, y cada nuevo encuentro aumenta las dudas sobre qué es realmente lo que tiene. La referencia a La profecía (The Omen, 1976) es bastante evidente, aunque esta vez tenemos una suerte de versión femenina del anticristo.
Pero lo mejor está en el desfile de personajes rarísimos que aparecen durante el viaje. El reverendo Ross (gran interpretación de Bill Pullman), la forajida de melena rubia (Jamie Neumann), el hombre con una bolsa en la cabeza (Josh McDermitt), la anciana que cuenta historias terroríficas (Joanna Cassidy)... todos parecen salidos de un cuento de terror que, por alguna razón, terminó en medio del desierto. Incluso hay algo de Los ocho más odiados (The Hateful Eight, 2015) en esa galería de personajes que parecen estar esperando el momento para mostrar su verdadera cara.
Poseída en el desierto es una grata sorpresa justamente porque no se parece demasiado a lo que uno espera. Ned Crowley arma una historia de satanismo, western y terror que se anima a ir bastante lejos con su propuesta. Quizás le habría venido bien un poco más de humor —aunque tiene varios momentos— para potenciar todavía más ese tono desbordado. Pero entre demonios, forajidos, supersticiones y personajes al borde del abismo, la película encuentra una combinación bastante particular.