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Crítica de "Xul": Cristián Costantini y un retrato sin respuestas definitivas

"Xul", de Cristián Costantini, reconstruye a Xul Solar desde sus obras, sus voces y sus objetos, sin convertir su figura en una explicación definitiva.

Crítica de "Xul":  Cristián Costantini y un retrato sin respuestas definitivas
viernes 07 de agosto de 2026

Hay algo en Xul Solar que se resiste a una biografía convencional. No porque falten datos, sino porque sobran caminos. Pintor, astrólogo, músico, inventor de lenguas y juegos, transitó distintas disciplinas sin preocuparse demasiado por las fronteras entre unas y otras. Xul (2026), el documental de Cristián Costantini, parte de esa dificultad y, en lugar de intentar resolverla, hace de ella su punto de partida.

La película recorre su vida y su obra a través de pinturas, fotografías, grabaciones, objetos y testimonios. Lo hace sin detenerse a explicar cada símbolo ni buscar una clave que ordene todo. La cámara observa los cuadros, se acerca a los detalles y recorre el Museo Xul Solar. En ese movimiento, Xul aparece por momentos cercano, aunque nunca del todo accesible.

Nacido como Óscar Agustín Alejandro Schulz Solari en 1887, viajó a Europa a los 25 años y permaneció allí durante doce. Entró en contacto con las vanguardias, estudió religiones, astrología y filosofía, creó el neocriollo y la panlengua, modificó instrumentos musicales y desarrolló una pintura poblada de arquitecturas, signos, escaleras, figuras y ciudades. Costantini evita presentar todo esto como un catálogo de excentricidades. Más que la rareza del personaje, le interesa mostrar una búsqueda que atravesó buena parte de su vida y que nunca quedó limitada a la pintura.

El documental reúne a investigadores y especialistas, aunque encuentra sus momentos más precisos cuando deja hablar a las obras, los objetos y los espacios. También allí asoma cierta tensión: por momentos los testimonios intentan ordenar aquello que las imágenes transmiten mejor sin demasiadas explicaciones. Ante una figura sobre la que se ha escrito y especulado tanto, saber cuándo dejar de hablar también forma parte del desafío.

Xul encuentra allí su medida. No hace de Solar una suma de curiosidades ni busca una interpretación que termine de explicarlo. Prefiere acercarse a sus pinturas, sus objetos, sus afectos y sus invenciones. Al final sabemos algo más sobre él, pero persiste una distancia. Tal vez sea lo que mejor conserva la película: la impresión de que Xul Solar todavía tiene algo para mostrar que no termina de entrar en las palabras.

7.0
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