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Crítica de “La Mujer de Fuego”: Adentro de la militancia medioambiental durante una pandemia

La ópera prima de Ignacio Ascúa retrata el impacto de la pandemia en una joven actriz que encuentra en el activismo ambiental una nueva forma de darle sentido a su vida.

Crítica de “La Mujer de Fuego”: Adentro de la militancia medioambiental durante una pandemia
jueves 06 de agosto de 2026

En La mujer de fuego (2025), Marina (Mariana Bruno) es una actriz primeriza que llega desde Córdoba a Buenos Aires para cumplir su sueño, pero este queda en pausa por la cuarentena del COVID-19, que la deja sin trabajo. Durante una jornada como delivery conoce a una activista llamada Almendra (Mora Arenillas), quien la introduce en la militancia ambiental. Su compromiso con la defensa del medioambiente la llevará a cuestionarse cuáles son sus verdaderos anhelos.

La película examina la realidad económica y social de la pandemia desde el punto de vista de la protagonista. Como integrante del mundo artístico, Marina sufre el aislamiento y la frustración de no poder desarrollar su actividad debido a las restricciones, lo que la obliga a sobrevivir realizando trabajos que nunca imaginó aceptar. Esa reclusión se manifiesta tanto en los empleos y castings virtuales que realiza desde su pequeño departamento al comienzo del confinamiento como en sus salidas laborales, donde las calles de la Ciudad de Buenos Aires aparecen desiertas a causa de la emergencia sanitaria provocada por el COVID.

El espectador, junto con Marina, se introduce en la movilización por el cuidado del medioambiente a través de la cámara, pasando de la ficción al documental de las protestas realizadas por los incendios forestales ocurridos en Córdoba durante 2020, registradas por Ignacio Ascúa. Este cambio de formato acompaña el proceso mediante el cual la protagonista se involucra cada vez más con ese entorno, sintiendo que finalmente está haciendo algo por su provincia.

Los archivos audiovisuales de la época retratada en La mujer de Fuego también incluyen noticieros que anuncian las medidas adoptadas por el gobierno de entonces para controlar la pandemia, así como imágenes de los incendios descontrolados en territorio cordobés. A ello se suman comentarios y videos publicados en redes sociales por personas que expresan su descontento frente a esas decisiones.

Su relación con Almendra y su creciente vínculo con el activismo ambiental permiten que Marina encuentre un propósito en medio del desastre, además de sentirse acompañada dentro de ese nuevo espacio social. Sin embargo, estas vivencias también le generan incertidumbre respecto de su futuro laboral. La confusión sobre sus propios deseos, sumada a las presiones de su familia y de sus nuevos vínculos, despierta en ella diversas inseguridades y la deja atrapada entre seguir su pasión artística o luchar por aquello que considera correcto, impidiéndole avanzar.

La mujer de fuego apela a la memoria del público para recuperar el escenario que atravesaron los trabajadores de la cultura durante la pandemia y un desastre ambiental ignorado por las autoridades, pero visibilizado por los militantes ambientalistas. Al mismo tiempo, el largometraje invita a reflexionar, a través de Marina, sobre los deseos personales y sobre cómo un contexto ajeno o, incluso, nosotros mismos podemos frenar nuestro propio proceso.

8.0
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