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Crítica de "Decisiones extremas": Medicina vs. Negocios
Convencional, esquemática y previsible es "Decisiones extremas" (Extraordinary Measures, 2010). Lo que salva a la película de convertirse en un absoluto bodriaso es su afán en exponer el mecanismo de marketing que debe atravesar la medicina para conseguir que los grandes laboratorios norteamericanos financien la cura a una enfermedad terminal.
John Crowley (Brendan Fraser) es un padre de familia que tiene a dos de sus tres hijos afectados por la enfermedad de Pompe, un trastorno genético terminal. La desesperación lo lleva a buscar al Dr. Robert Stonehill (Harrison Ford), un científico excéntrico que cree haber encontrado una posible cura, pero que no puede desarrollar su investigación por falta de financiamiento. A partir de ese encuentro, Crowley comienza una intensa campaña para convencer a los grandes laboratorios de invertir en el desarrollo del medicamento.
Casi sin proponérselo, Decisiones extremas expone el funcionamiento del sistema de salud estadounidense y la lógica comercial que condiciona la investigación médica. Con una mezcla de naturalidad y resignación, el personaje de Brendan Fraser acepta vender, literalmente, los derechos comerciales de una eventual cura de la enfermedad de Pompe a las compañías farmacéuticas. Lo que está en juego no es salvar vidas, sino el potencial económico del tratamiento. Sin otra alternativa, Crowley intenta persuadir a empresarios e inversores de que el proyecto también puede convertirse en un negocio rentable.
Ese conflicto es el aspecto más consistente de una película que busca acercarse a Lorenzo's Oil (1992), aunque sin alcanzar la complejidad de aquella obra, y que también recurre al tono emocional de Erin Brockovich. Decisiones extremas no alcanza el nivel de ninguno de esos referentes; sin embargo, su mirada sobre la relación entre la medicina y los intereses económicos le aporta un eje de lectura que sostiene buena parte del relato.
Otro de sus aciertos reside en el duelo interpretativo entre Brendan Fraser y Harrison Ford. Sin apartarse de personajes reconocibles dentro de los códigos del cine de Hollywood, ambos construyen una dinámica basada en el contraste entre la obstinación del padre y el temperamento del científico. Esa diferencia de personalidades aporta tensión dramática y equilibra el desarrollo de la historia.
Basada en hechos reales, Decisiones extremas termina compartiendo el destino de los propios pacientes con Pompe que retrata: no alcanza la cura, pero encuentra la forma de justificar su existencia.