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Crítica de “Cabo de miedo”: la sorpresiva remake con Amy Adams y Javier Bardem
Basada en la novela “The Executioners” de John D. MacDonald y en la película de Martin Scorsese de 1991, la serie es una sólida adaptación a otros tiempos y sensibilidades.
No deberían rehacerse los clásicos inoxidables de la historia del cine. Pero claro, ya pasaron más de treinta años de Cabo de miedo (Cape Fear, 1991), la película en la que Max Cady, un exconvicto interpretado de manera temeraria por Robert De Niro, hacía de la vida de su antiguo abogado defensor (Nick Nolte) y de toda su familia (Jessica Lange y Juliette Lewis) un auténtico infierno, al considerarlo responsable de la condena que lo llevó a prisión.
Y lo cierto es que esta puesta al día, protagonizada por Javier Bardem como el vengativo ex presidiario que hará la vida imposible a la familia de sus abogados —aquí una abogada interpretada por Amy Adams junto a Patrick Wilson— y a sus hijos adolescentes, interpretados por Lily Collias y Joe Anders, incorpora todos los elementos que funcionaban en los años noventa y suma varias cuestiones contemporáneas: el acoso a través de las redes sociales, los ataques físicos pero también los dirigidos contra la imagen pública, y una nueva generación de adolescentes que interactúa en un mundo atravesado por violencias que operan en las sombras.
Este dato es fundamental para comprender la grata sorpresa que produce la serie. Porque, del mismo modo que hicieron Scorsese y Spielberg —director y productor, respectivamente, de la película protagonizada por De Niro— al reinterpretar el film original de 1962 con Gregory Peck y Robert Mitchum, Nick Antosca, creador, director y productor de esta nueva versión, reelabora la propuesta y la actualiza para su tiempo, potenciando sus mejores componentes. Claro que la participación de Scorsese y Spielberg como productores ejecutivos resulta decisiva, al igual que la presencia de la inolvidable banda sonora -de Jeff Russo que reelabora las de Bernard Herrmann y Elmer Bernstein- convertida ya en un emblema sonoro de cualquier pieza audiovisual que aspire a transmitir una sensación de horror.
Tal vez Cabo de miedo (Cape Fear, 2026) no tenga un par de escenas tan memorables como las creadas por Scorsese y sus actores en los años noventa —algo fundamental para permanecer en la memoria colectiva—, pero sí posee el tono perturbador de un thriller psicológico y las actuaciones magnéticas de Bardem y Adams para confrontar la historia con nuestros miedos más profundos.