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Crítica de "Buenos vecinos 2": La medianera de la adultez

La secuela de "Buenos vecinos" retoma el choque entre generaciones que había impulsado a la película original, pero cambia la tensión entre juventud y adultez por una repetición de fórmulas que pierde fuerza narrativa. Con Seth Rogen, Rose Byrne y Zac Efron de regreso, "Buenos vecinos 2" intenta ampliar su conflicto central sin encontrar el mismo equilibrio entre humor, crisis de crecimiento y observación sobre los cambios de etapa.

Crítica de "Buenos vecinos 2": La medianera de la adultez
miércoles 20 de mayo de 2026

Desde la irrupción de Judd Apatow, el tránsito entre juventud y adultez se convirtió en uno de los territorios más transitados por la comedia estadounidense contemporánea. Nicholas Stoller (¿Cómo sobrevivir a mi novia? [2008], Get Him to the Greek [2010], The Five-Year Engagement [2012]) había trabajado esa temática con resultados efectivos en Buenos vecinos (Bad Neighbors, 2014). El éxito comercial y la recepción favorable llevaron a una continuación: Buenos vecinos 2 (Neighbors 2: Sorority Rising, 2016).

El elenco principal retoma sus personajes y esta vez los Radner (Seth Rogen y Rose Byrne) unen fuerzas con Teddy Sanders (Zac Efron) para enfrentar un nuevo conflicto que remite directamente a la película anterior: una fraternidad femenina se instala en la casa que antes ocupaban Teddy y sus amigos. Ahora Mac y Kelly atraviesan otra etapa de sus vidas. Con una hija pequeña, otro bebé en camino y la necesidad de vender su vivienda, la llegada de las nuevas vecinas amenaza con arruinar sus planes antes de concretar la mudanza.

Aunque la secuela replica casi de manera estructural el esquema narrativo original, el desarrollo avanza con menos precisión y pierde parte del impulso que sostenía a la primera entrega. La incorporación de Chloë Grace Moretz como líder de la nueva fraternidad no termina de encontrar un lugar sólido dentro del relato y el guion tampoco le ofrece demasiadas herramientas para construir un personaje con el mismo peso cómico que Zac Efron había conseguido anteriormente.

La velocidad del montaje tampoco favorece demasiado a la propuesta. Incluso apariciones de Lisa Kudrow, Kelsey Grammer y Selena Gomez atraviesan la película sin dejar una marca clara. El relato abandona buena parte del humor escatológico que definía a la original para reemplazarlo por situaciones cada vez más exageradas, donde el exceso termina desplazando el conflicto principal.

La primera Buenos vecinos lograba extraer cierta tensión narrativa del choque entre personajes que intentaban abandonar una juventud prolongada y las responsabilidades de una nueva etapa. Aquí ese conflicto aparece debilitado. Los adultos ya asumieron su rol y los jóvenes desean continuar dentro de su propio universo sin demasiados matices. Incluso el guion introduce la llamada “crisis del cuarto de vida”, esa idea que ubica alrededor de los 25 años una presión social vinculada al éxito y la realización personal, aunque la película apenas roza el tema sin profundizar demasiado.

Entre intentos de giros dramáticos, comentarios sobre dinámicas de género y un uso reiterado de ciertos estereotipos como recurso humorístico, el concepto que había sostenido la primera película termina perdiéndose. Queda entonces una comedia funcional, apoyada en un elenco que ya había demostrado mejores resultados, pero que esta vez encuentra menos herramientas para sostener aquello que antes funcionaba como algo más que entretenimiento pasajero.

4.0
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