BAFICI - Competencia Argentina
Crítica de “La amiga de mi amigo”: Celos, deseos y la fragilidad de los vínculos
Un triángulo afectivo tan simple como incómodo sostiene esta película que mezcla cotidianidad, rareza y humor sutil, en una historia que observa más de lo que explica.
La amiga de mi amigo (2026), dirigida por Matías Szulanski, sigue a Juan en su regreso a la Argentina después de cinco años en el exterior. Se instala en la casa de Laura, su amiga de siempre, de quien está enamorado. El conflicto aparece desde el inicio —ese amor no es correspondido—, pero la película no lo aborda desde el drama tradicional, sino desde una zona más ambigua, donde los límites entre amistad y deseo nunca terminan de quedar del todo claros.
La irrupción de Paula, una conocida en común que muestra interés por Juan, pone en marcha un triángulo que funciona como motor del relato. A partir de ahí, el film se apoya en un esquema clásico de enredos amorosos, pero desde una lógica austera: no hay grandes giros ni momentos de quiebre evidentes, sino una acumulación de situaciones, diálogos y pequeñas tensiones que construyen un clima de incomodidad sostenida.
Ese es, quizás, uno de los rasgos más claros del cine de Szulanski: la narración avanza a partir de lo mínimo. Las escenas se extienden en conversaciones que se desvían, en silencios que pesan más que las palabras y en personajes que, en muchos casos, parecen moverse un paso por detrás de lo que sienten. De ahí surge también un humor que no es explícito y se construye en los intersticios entre lo que se dice y lo que se evita decir.
El uso del blanco y negro en las escenas más íntimas —contrastado con momentos puntuales en color ligados al exterior— delimita un espacio más cerrado, casi encapsulado, donde los vínculos se vuelven más densos. A esto se suma una cámara que muchas veces se ubica a distancia, como si observara sin intervenir, generando una sensación de registro antes que de puesta en escena tradicional.
Sin embargo, esa misma apuesta también tiene sus límites. La insistencia en un único eje narrativo, sin desvíos ni subtramas, puede hacer que el relato por momentos pierda dinamismo. Del mismo modo, ciertas decisiones de actuación o de construcción de personajes sostienen un tono levemente extraño que no siempre encuentra equilibrio entre lo naturalista y lo deliberadamente artificial.
Aun así, la película logra sostener su propuesta gracias a la coherencia de su mirada. En un formato breve y contenido, construye un retrato de vínculos atravesados por la ambigüedad, donde nadie dice todo lo que siente y las relaciones se sostienen en una inestabilidad constante.
Con guion del propio Szulanski junto a Juan Morgenfeld, y un elenco integrado por Delfina Camaño, Morgenfeld, Mailén Kritzer y Delfina Liderjover, el film de 66 minutos tuvo su estreno mundial en la Competencia Argentina del festival, con funciones en salas como Cinépolis Plaza Houssay y Cine Arte Cacodelphia.
La amiga de mi amigo es una película consciente de sus recursos, que encuentra su identidad en lo cotidiano, en lo incómodo y en ese terreno difuso donde los vínculos nunca terminan de definirse.