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Crítica de "El curioso caso de Benjamin Button": Brad Pitt y el efecto de lo real

No es difícil imaginar por qué el nuevo film de David Fincher tiene todas las chances de llevarse el Oscar a la Mejor Película.  De duración amplia, transcurre en varias épocas y tiene un tono entre solemne y sentimentalista.  Se trata –en efecto- de un film ambicioso, con un elaborado y excelso diseño de producción.

Crítica de "El curioso caso de Benjamin Button": Brad Pitt y el efecto de lo real
domingo 19 de abril de 2026

A diferencia de Zodíaco, donde David Fincher construía un dispositivo formal ligado a la tradición del policial de los años setenta, en El curioso caso de Benjamín Button (The Curious Case of Benjamin Button, 2008) el director parte de una premisa que tensiona desde el inicio cualquier anclaje en lo verosímil: un hombre que nace con los signos de la vejez y recorre su vida en sentido inverso, rejuveneciendo hasta concluir como un recién nacido.

El abordaje estético se desplaza, pero no logra articularse con las exigencias de esa premisa. A lo largo del relato se percibe un esfuerzo por sostener un efecto de realismo, mientras la dimensión de fábula deriva hacia un romanticismo que no termina de consolidarse. Esa falta de cohesión se vincula con la elección de un marco historicista que, aunque aporta contexto, diluye el núcleo dramático: la relación entre Benjamin Button (Brad Pitt) y la bailarina interpretada por Cate Blanchett.

Ese uso del contexto histórico, con la Segunda Guerra Mundial como telón de fondo, remite a un procedimiento que en Forrest Gump encontraba una integración más orgánica. Aquí, el Sur de Estados Unidos reaparece como espacio simbólico atravesado por tensiones sociales, religiosas y raciales, aunque su representación incurre en ciertos desvíos hacia lo pintoresco.

Los personajes secundarios carecen de densidad autónoma y funcionan más como dispositivos narrativos que como entidades con desarrollo propio, en muchos casos definidos por su contraste con la anomalía temporal del protagonista. El film incorpora relatos internos que reflexionan sobre la materialidad del tiempo, junto con un trabajo técnico que confirma el rigor de Fincher, tanto en el uso del maquillaje como en la construcción visual.

Sin embargo, el conjunto evidencia una disociación entre el campo semántico que propone y la historia que despliega. Esa falta de correspondencia limita la potencia del relato, que parece quedar suspendido entre dos registros sin alcanzar una síntesis. En otro registro autoral, cercano al de Tim Burton, esa tensión podría haber derivado en una resolución distinta. Aquí, en cambio, permanece como una fricción no resuelta.

4.0
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