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Crítica de "La llama que llama": un regreso anacrónico que evidencia el paso del tiempo

El fenómeno de los 90 reaparece como serie en formato breve con sus rasgos intactos, pero enfrenta límites frente al consumo actual.

Crítica de "La llama que llama": un regreso anacrónico que evidencia el paso del tiempo
domingo 05 de abril de 2026

El regreso de La llama que llama (2026) no propone una reinvención sino una reactivación directa de su forma original. La miniserie de episodios breves recupera al clan de llamas que se instaló en la memoria televisiva argentina: el padre que evade costos telefónicos, la madre Llamona, el adolescente Llamiro, el abuelo y el bebé. Con las mismas voces y una estructura apoyada en el intercambio veloz y la situación cerrada, la serie se afirma en la continuidad; sin embargo, ese punto de partida pronto se agota y deja al descubierto su principal problema: no hay una reorganización del material en función del presente.

Esa elección remite, inevitablemente, a su origen. La campaña creada por Telecom Argentina logró trascender su condición publicitaria y convertirse en un fenómeno cultural entre 1998 y 2001. Las frases, los vínculos y ciertas marcas de lenguaje circularon más allá de los comerciales y se fijaron en la memoria colectiva. En ese sentido, el regreso se explica por esa persistencia; pero, al mismo tiempo, queda atrapado en ella. Lo que antes operaba como intervención hoy aparece como un archivo que no encuentra una nueva posición.

En consecuencia, el pasaje al formato de microepisodios intenta responder a los hábitos actuales de consumo, aunque esa adaptación resulta apenas formal. El ritmo, los remates y la lógica del sketch permanecen intactos y, aun cuando se incorporan referencias contemporáneas o participaciones de figuras reconocibles, nada altera el funcionamiento del dispositivo. Más bien ocurre lo contrario: esos elementos quedan como capas superficiales que no logran integrarse a una estructura distinta.

Por eso, el problema no reside en volver, sino en cómo se vuelve. La serie se apoya en la repetición de signos conocidos sin poner en tensión su vigencia, y en ese movimiento pierde espesor. Lo que antes producía reconocimiento desde la irrupción ahora se limita a reiterar fórmulas. Así, la nostalgia deja de ser un punto de partida y se convierte en un techo: no abre nuevas lecturas ni desplaza sentidos, apenas conserva un modelo que ya no logra inscribirse en el presente.

4.0
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