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Crítica de "Memoria de un asesino": La oportunidad de Patrick Dempsey para dejar atrás la sombra de "Grey’s Anatomy"
La serie “Memoria de un asesino” (Memory of a Killer) funciona como un ejercicio fascinante de “limpieza de imagen” para Patrick Dempsey. Sin embargo, al contrastarla con otras películas y series del mismo universo temático, se percibe como un híbrido ambicioso que, por momentos, intenta abarcar demasiado.
Dempsey compone el Alzheimer no como un “olvido conveniente” al servicio del guion, sino como una experiencia de desintegración progresiva. Su interpretación transmite la angustia de alguien que percibe, con lucidez intermitente, cómo su mente empieza a traicionarlo. En ese recorrido, la química con Michael Imperioli —en el rol de Dutch, su contacto en el mundo criminal— se convierte en uno de los núcleos dramáticos más sólidos de la serie.
La comparación con la película Asesino sin memoria (Memory, 2022), protagonizada por Liam Neeson, resulta inevitable. Ambas adaptaciones parten de la novela de Jef Geeraerts y de la película belga De Zaak Alzheimer, pero sus enfoques son diametralmente opuestos. Neeson encarna a Alex Lewis como una fuerza física en declive dentro de un relato de venganza clásica; Dempsey, en cambio, interpreta a Angelo como un hombre que se desmorona desde adentro, en un drama criminal atravesado por la fragilidad mental.
En la versión cinematográfica, el eje está puesto en la brújula moral —el código de no asesinar niños—. En la serie, el conflicto se desplaza hacia la preservación del legado: Angelo busca proteger a su hija antes de que la enfermedad lo convierta en un desconocido ante sus propios ojos.
Así, Memoria de un asesino no se limita a ser una historia de asesinos a sueldo. Con un guion sólido y una construcción dramática consistente, la serie explora los vínculos familiares, la culpa y el deterioro cognitivo desde una perspectiva menos convencional dentro del thriller contemporáneo. Más que un vehículo de acción, es el intento de Dempsey por redefinir su registro actoral y emanciparse, al fin, de la sombra televisiva que lo convirtió en ícono.