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Crítica de “Ella McCay: Imperfectamente perfecta”: El regreso deslucido de James L. Brooks

El legendario director de "La fuerza del cariño" y "Mejor imposible" vuelve al cine con una comedia dramática irregular que oscila, sin demasiada convicción, entre el drama familiar y la sátira política.

Crítica de “Ella McCay: Imperfectamente perfecta”: El regreso deslucido de James L. Brooks
jueves 12 de febrero de 2026

Ella McCay: Imperfectamente perfecta (Ella McCay, 2025) marca el retorno de James L. Brooks a la dirección de un largometraje tras ¿Cómo saber si es amor? (How Do You Know, 2010). La expectativa era alta: su filmografía supo combinar sensibilidad, ironía y personajes complejos. Sin embargo, el resultado es una película que intenta recuperar el espíritu de la screwball comedy de los años treinta y cuarenta —donde los conflictos se atraviesan con ingenio y se resuelven desde la buena voluntad—, pero que rara vez encuentra el ritmo o la frescura necesarios para sostener ese tono.

La historia sigue a Ella McKay (Emma Mackey), una joven e idealista abogada que ingresa a la política bajo el ala protectora del gobernador Bill Moore, interpretado por Albert Brooks. Cuando el mandatario pide licencia, Ella asume inesperadamente el cargo de gobernadora a los treinta y cuatro años. El desafío institucional, sin embargo, queda rápidamente desplazado por los conflictos de su disfuncional familia, que la obligan a confrontar viejas heridas y a revisar su mirada ingenua sobre el poder.

Brooks escribe y dirige una comedia dramática carente de dinamismo, centrada en los dilemas íntimos de su protagonista. El problema es que ese estilo suyo —que brilló en los años ochenta y noventa, muchas veces apoyado en la presencia magnética de Jack Nicholson— aquí parece fuera de época. La combinación de personajes con aristas oscuras pero fondo noble ya no alcanza para generar tensión ni emoción genuina. Solo Woody Harrelson, como el padre de Ella, y el propio Albert Brooks logran aportar matices y cierta ambigüedad que enriquecen el relato.

En paralelo, el director intenta recrear el tono clásico de la comedia de antaño, con resoluciones casi mágicas, un realismo suavizado y actuaciones deliberadamente histriónicas. Ese registro, que figuras como Cary Grant y Katharine Hepburn dominaban con naturalidad, resulta hoy difícil de sostener en un contexto donde prevalece una actuación más contenida y realista. Quien mejor se adapta a esa propuesta es Jamie Lee Curtis en el rol de la tía adoptiva de Ella: una especie de mentora excéntrica, políticamente incorrecta y afectuosa. Su interpretación, probablemente la más lograda del film, recuerda por qué fue premiada con el Oscar por Todo en todas partes al mismo tiempo (Everything Everywhere All at Once, 2022): su personaje parece hecho a su medida.

Ella McCay: Imperfectamente perfecta representa un regreso fallido para Brooks. Una película que, como su protagonista, está impulsada por buenas intenciones pero nunca termina de encontrar el tono ni el mundo al que pretende pertenecer.

4.0
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