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Crítica de “Familia en renta”: Brendan Fraser y el alquiler de seres queridos en Japón
La película de la realizadora Hikari ("37 segundos") es un conmovedor relato sobre el negocio del alquiler de familiares en Japón y sus profundas implicaciones emocionales.
Familia en renta (Rental Family, 2025) explora una práctica vigente en Japón desde los años ochenta: el alquiler de parientes. A través de agencias especializadas, los ciudadanos contratan actores que sustituyen a un familiar para satisfacer una necesidad afectiva específica. "El vínculo es ficticio, pero la emoción que surge es real", sostienen. Naturalmente, el tema suscita una gran polémica, y es ahí donde indaga esta película, que destila el carisma de una comedia indie con trasfondo existencialista entre las concurridas calles de Tokio.
La historia se centra en Philip (Brendan Fraser), un actor estadounidense radicado en Tokio que sobrevive realizando comerciales. Un día, una agencia lo contrata para un encargo peculiar: personificar al "hombre blanco triste" en un funeral. Impactado por la naturaleza del pedido, Philip comienza a cuestionar la moralidad de su labor, comprendiendo rápidamente que el asunto es mucho más complejo de lo que imaginaba.
Hace pocos años, el director alemán Werner Herzog retrató esta misma problemática en Family Romance, LLC (2019). Desde su particular óptica, el autor de Fitzcarraldo (1982) planteaba más interrogantes que respuestas sobre este lucrativo negocio y su impacto en las relaciones humanas. En cambio, el tono de comedia dramática de Familia en renta, apoyado en una narrativa clásica y efectiva, transforma el tema en un cuento moral. La directora Hikari demuestra una gran capacidad para universalizar una problemática puramente japonesa y convertirla en una reflexión sobre la condición humana.
El trasfondo de la obra sugiere que esta dinámica entre "sustitutos" y clientes nace de carencias sociales profundas: la soledad comunitaria, los mandatos sociales ineludibles y la actuación como único mecanismo para sobrellevar conflictos. Los dilemas éticos no tardan en aparecer mientras Philip asume diversos roles: esposo, padre, compañero de videojuegos, admirador en un karaoke o periodista. Por encima de todo, se convierte en el soporte emocional de clientes urgidos de afecto.
El guion de Stephen Blahut y la propia directora, profundiza en dos de estos vínculos para mostrar el proceso interno del actor. El primero, cuando interpreta al padre de una niña para que ella pueda ingresar en un colegio de élite; el segundo, cuando encarna a un periodista que debe rescatar del olvido a un veterano actor japonés. El conflicto estalla cuando el secreto de su identidad se vuelve insostenible frente a la pequeña, y cuando el anciano decide emprender un viaje a su pueblo natal sin el consentimiento de su familia real.
Familia en renta es una película conmovedora que acerca de forma amena una realidad ajena, universalizándola a través de un lenguaje sencillo y eficaz. Si bien su enfoque en la bondad humana puede restarle algo de profundidad al debate ético, el filme no deja de abrir espacio a la reflexión existencial. Parafraseando su propio mensaje: detrás de toda mentira, siempre subyace una verdad.