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Crítica de "Año Nuevo": La insoportable levedad de Hollywood

En "Año Nuevo", Garry Marshall vuelve a apostar por la comedia coral de elenco multitudinario, pero esta vez el énfasis en el mensaje moral desplaza a la narración y expone las limitaciones de una fórmula más pendiente de las estrellas que de la historia.

Crítica de "Año Nuevo": La insoportable levedad de Hollywood
martes 30 de diciembre de 2025

Siguiendo la estela de Día de los enamorados, la industria hollywoodense insiste en un modelo de comedia coral donde el peso recae más en la acumulación de celebridades que en la construcción dramática. Año Nuevo (New Year's Eve, 2011)  no solo repite esa fórmula sino que la refuerza con un subrayado discursivo que desplaza el conflicto narrativo hacia un cierre de tono moralizante.

Ambientada en Nueva York durante la víspera de la llegada de 2012, la película reúne un reparto que funciona como catálogo generacional: Robert De Niro, Sarah Jessica Parker, Ashton Kutcher, Zac Efron, Halle Berry, Hilary Swank y Lea Michele, entre otros. La diversidad del elenco parece responder más a una estrategia de convocatoria que a una lógica interna del relato, que avanza de historia en historia sin lograr cohesión.

Al frente del proyecto está Garry Marshall, responsable de títulos emblemáticos del género como Mujer bonita y Frankie y Johnny. Su capacidad para reunir figuras sigue intacta, aunque aquí ese poder no se traduce en una puesta que articule los fragmentos narrativos. El problema no reside en las interpretaciones, sino en un guion que avanza por carriles previsibles y opta por cerrar cada línea argumental con una conclusión edificante.

La fragilidad del planteo se vuelve evidente en la secuencia en la que el personaje de Halle Berry mantiene una conversación virtual con su pareja desplegada en la guerra. Hasta ese punto, la película funcionaba como una comedia episódica, con relatos desparejos pero reconocibles dentro del registro. Esa escena introduce una gravedad impostada que rompe el tono y expone la ambición de imponer una enseñanza.

Si Día de los enamorados podía ser discutida por su liviandad, al menos asumía su condición de entretenimiento. Año Nuevo, en cambio, pretende algo más: no solo reunir estrellas y cerrar el año con historias cruzadas, sino también ofrecer una lección final. Allí es donde la estructura se resiente y el conjunto pierde equilibrio. La comedia cumple con su mecanismo industrial, pero deja en evidencia que, cuando el discurso reemplaza al conflicto, el relato se queda sin sostén.

4.0
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