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Crítica de "Testarossa": Nacho Sesma y el cruce íntimo en una noche porteña
El cortometraje de Nacho Sesma observa cómo un encuentro accidental entre dos desconocidos en Buenos Aires redefine una noche común y activa memorias compartidas.
El cortometraje transcurre en un departamento porteño alquilado, donde Marcos (Facundo Cardosi) llega de noche con una pizza y una rutina marcada por la quietud. La situación cambia cuando Anna (Marika Sempirni), una italiana que se tiene que hospedar en la unidad de enfrente, toca la puerta para cargar su celular luego de que el anfitrión no aparezca. Ese pedido mínimo deriva en una conversación inicial marcada por el desconcierto, el cruce de idiomas y la sensación de estar ocupando un espacio ajeno.
Lo que empieza como un gesto de cortesía se transforma cuando Anna decide preparar una receta familiar en lugar de compartir la pizza. La cocina introduce otro ritmo y habilita un terreno donde los personajes reconocen puntos en común sin necesidad de explicitarlo: ambos arrastran historias de infidelidad, relatadas entre silencios y comentarios fragmentados. El intercambio no busca resolver un pasado ni abrir un futuro, sino registrar cómo dos desconocidos pueden sostenerse durante una noche que ninguno esperaba.
Nacho Sesma construye la escena desde una estética inspirada en los años 50, con referencias discretas al tango, la luz tenue y una cámara que privilegia los planos cerrados. Los cuerpos hablan más que las palabras y los tiempos muertos sostienen la tensión sin recurrir al conflicto directo. La puesta evita el subrayado emocional y trabaja la proximidad como elemento central.
La noche finaliza sin cambios evidentes, aunque deja una huella en ambos: Marcos interrumpe por un instante la rutina que lo acompaña y Anna encuentra compañía en un lugar que no esperaba.
Testarossa (2025) observa cómo un encuentro mínimo puede alterar la percepción de lo cotidiano. No promete continuidad ni consecuencias, solo registra el presente compartido y la manera en que la soledad urbana se interrumpe por azar.