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Crítica de “Pecadores”: Michael B. Jordan entre los vampiros y la sátira social

Tras su paso por los blockbusters de superhéroes, Ryan Coogler nos presenta una propuesta singular: una película de suspenso y terror con una marcada temática vampírica, protagonizada por Michael B. Jordan y Hailee Steinfeld.

martes 01 de julio de 2025

Pecadores (Sinners, 2025) sigue a los hermanos gemelos Smoke, quienes, buscando dejar atrás un pasado turbulento, regresan a su ciudad natal en el Mississippi de los años 30 con la esperanza de un nuevo comienzo. Sin embargo, un mal mucho más profundo los aguarda, listo para darles una escalofriante bienvenida.

Ryan Coogler establece una propuesta dentro del género de terror con un fuerte énfasis en la figura del vampiro. Pero lejos de conformarse con los clichés fantásticos, sobrenaturales y sangrientos, el director elige explorar la rica tradición folclórica de estas criaturas, revelando su origen y ofreciendo una ingeniosa reinterpretación como potente metáfora y crítica social al racismo. En esta visión, los vampiros se alzan como opresores, ávidos de cuerpos y decididos a destruir historias y lazos.

La trama se despliega con una deliberada lentitud inicial, dedicada a construir el contexto y presentar a los personajes de manera adecuada. Esta primera mitad, aunque por momentos pueda sentirse pausada ante la ausencia de elementos terroríficos o la presencia de los vampiros, resulta crucial para priorizar la representación vívida de la cultura negra –un elemento constante en toda la película– y el complejo drama familiar que rodea a los protagonistas. Este desarrollo cobra pleno sentido en el clímax, contribuyendo a una atmósfera inicialmente serena que intensifica el impacto de la aparición de los vampiros.

Al alcanzar la segunda mitad, la película se transforma radicalmente, dejando atrás la calma para sumergirse en un ritmo frenético. Se incorporan impactantes secuencias musicales de blues, imbuidas de simbolismo y fuerza cultural, que de alguna forma exponen la profunda influencia de este género en la sociedad.

El terror comienza a insinuarse y a adquirir una dimensión política, a medida que la metáfora del racismo se vuelve más explícita en relación con lo previamente establecido. Sin caer en los lugares comunes del género, estas criaturas comienzan a operar en un escenario narrativo que se torna sádico y directo, ofreciendo secuencias con una sutil alegoría a la búsqueda de libertad de una clase trabajadora oprimida. En este punto, la película no se centra en el terror gráfico ni en los sobresaltos fáciles, sino que prefiere generar inquietud a través del significado de sus lúgubres secuencias y su elaborada estructura alegórica, complejizando la trama de una manera muy interesante al evitar los caminos trillados.

Ryan Coogler entrega un filme de terror social profundamente arraigado en la cultura negra, evocando el estilo de Jordan Peele, pero sin replicarlo completamente, dejando así su impronta personal. Esta es una obra compleja que rehúye los lugares comunes al abordar el racismo y rendir homenaje a la cultura del blues.

A través de una estructura singular y rica en metáforas, Coogler traza un camino fascinante que da como resultado una película con una identidad propia. Si bien la trama vampírica tarda en tomar protagonismo y no constituye el mensaje central del filme, su aparición gradual y estratégica logra generar una atmósfera terrorífica genuina y efectiva para el espectador.

7.0
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