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Crítica de "Ash and Bone": terror rural y drama familiar en el cine independiente estadounidense

Dirigida por Harley Wallen y escrita por Bret Miller, "Ash and Bone" propone una historia de horror ambientada en los bosques de Estados Unidos, donde el drama familiar y una leyenda sobre caníbales convergen.

Crítica de "Ash and Bone": terror rural y drama familiar en el cine independiente estadounidense
viernes 23 de mayo de 2025

Ash and Bone (2023), escrita por Bret Miller y dirigida por Harley Wallen, conjuga elementos del slasher rural con una trama de tensiones familiares que se desarrollan en un entorno aislado. La propuesta articula lo íntimo y lo perturbador, explorando el vínculo entre una hija adolescente y su padre, enmarcado por el trasfondo inquietante de una leyenda urbana que cobra cuerpo en los bosques cercanos.

La historia comienza con Cassie, una joven que se traslada junto a su padre Lucas (interpretado por el propio Wallen) y su madrastra Sarah a un pequeño pueblo, tras atravesar una situación conflictiva en la ciudad. El cambio, más que territorial, implica una reconfiguración emocional en el seno de una familia que busca reacomodarse. Las diferencias generacionales, las tensiones no resueltas y la incomodidad del nuevo entorno construyen el primer plano del conflicto.

La narrativa incorpora con fluidez a Anna y Tucker, dos adolescentes locales que se vinculan rápidamente con Cassie. A través de ellos se introduce una antigua leyenda sobre caníbales ocultos en el bosque, un relato de transmisión oral que, en este contexto, actúa como catalizador de los hechos. La aparición de May y Clete McKinley, figuras enigmáticas y amenazantes, desplaza la historia hacia terrenos del horror clásico, aportando una dimensión que revitaliza el relato.

Desde lo formal, Ash and Bone se apoya en una ambientación natural que potencia el aislamiento y la sensación de amenaza. La fotografía aprovecha los exteriores boscosos para construir un clima denso y cargado, mientras que el diseño sonoro colabora en la creación de atmósferas. La estructura narrativa se orienta hacia una progresión constante, sin desvíos, sosteniendo el ritmo a través del equilibrio entre escenas íntimas y situaciones de tensión.

Con una duración de poco más de una hora y media, la película transita con soltura los códigos del cine de terror independiente, apostando a una conjunción entre drama emocional y amenaza externa. Ash and Bone se integra así a una tradición del cine estadounidense que vincula lo rural con lo siniestro, y que encuentra en lo cotidiano los disparadores del miedo.

6.0
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