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Crítica de “Alpha”: Julia Ducournau y la belleza marmórea de los cadáveres

La directora ganadora de la Palma de Oro por “Titane” presenta “Alpha”, película que mantiene líneas de contacto con aquella producción visceral.

Crítica de “Alpha”: Julia Ducournau y la belleza marmórea de los cadáveres
martes 20 de mayo de 2025

Hay películas que parecen ser la consecuencia de un mero pacto contractual. Han pasado cuatro años de la Palma de Oro a Titane (2021) y Julia Ducournau necesitaba hacer otra película. O lo necesitaba la industria francesa, quizás Cannes también. Y aquí está Alpha (2025), un largometraje con tres o cuatro ideas que no terminan de encajar ni mucho menos de desarrollarse. Que nadie espere tampoco esa provocación y descaro que anidaba en sus dos primeras películas. Lo peor que puede decirse de Alpha es que es su película más convencional.

Tanto que por momentos tiene algo de pastiche. Si se tratase de un libro sospecharíamos que la firma no se corresponde con el autor real, que estamos ante un sucedáneo concebido únicamente para satisfacer las demandas del mercado. Porque el cuerpo sigue estando en el centro de las preocupaciones de Ducourneau, pero ahora si la forma de abordarlo es más conceptual que visceral. Menos o nada de body horror.

Veamos. Una niña de 13 años, Alpha (Mélissa Boros), llega a su casa con un tatuaje (una simple A) que no sabe quién le ha hecho. Su madre doctora (Golshifteh Farahani) se preocupa, no tanto por el tatuaje en sí como por la aguja que se ha utilizado. No es para menos: una epidemia que se contagia por la sangre o la saliva (como el Sida) está asolando la población y va convirtiendo poco a poco los cuerpos en objetos marmóreos, en bellos cadáveres de mármol, habría que decir. Al mismo tiempo ha reaparecido su hermano (Tahar Rahim), yonqui y, por lo tanto, susceptible también de portar la enfermedad.

Aparentemente la protagonista es la Alpha del título, pero todo gira en torno a su madre, a su trabajo en el hospital tratando a los infectados, a su cuidado del hermano (al que a lo largo de la película salvará la vida varias veces), a sus relaciones con su familia magrebí, a las preocupaciones que le causa su hija… Pero tío y sobrina parecen tener un vínculo que viene de años atrás, recuerdos que de vez en cuando saltan a la pantalla de un modo un tanto arbitrario.

En el fondo son varias historias muy distintas, como si el guion fuese acumulando tramas paralelas al mostrarse incapaz de desarrollar la central. Pero, ¿cuál sería esta: la de Alpha y su descubrimiento del sexo o la de la epidemia? Al final, es como si el simulacro se fuese imponiendo, los temas se exponen, se recurre de vez en cuando a cada uno de ellos, pero nada termina de engarzarse. Y, cuando Ducourneau ya no sabe qué hacer, pues recurre a las canciones (Portishead, Nick Cave, Tame Impala) para darle a su película un empaque que sus imágenes y personajes nunca consiguen trasladarnos.

4.0
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