Miradas abiertas y una deliberación histórica
Todos los ganadores del 14° Festival Internacional de Cine Independiente de Cosquín (FICIC)
"Los fragmentos", de la directora rusa Masha Chermanya, ganó el premio principal del FICIC 2025. El festival en Cosquín reafirmó su compromiso con el cine independiente, la emoción colectiva y el debate público sobre el arte.
Los fragmentos, de la directora rusa Masha Chermaya, se alzó con el premio mayor en la Competencia Internacional de Largometrajes del 14° Festival Internacional de Cine Independiente de Cosquín (FICIC), con un jurado integrado por el director Rodrigo Moreno, la crítica Lucía Salas y el crítico de cine cordobés Iván Zgaib.
El documental, que relata una historia personal sobre la muerte y el amor en el contexto de la Rusia contemporánea, se convierte en una serie de despedidas inesperadas: su madre muere de cáncer, su amante huye del servicio militar obligatorio, todo, incluso su antiguo yo, se desmorona. Su forma de lidiar con el dolor es fijarlo todo con su cámara.
En tanto, Después, la niebla, del director y montajista cordobés Martín Sappia, recibió una mención especial.
En la Competencia Internacional de Cortometrajes, el premio fue para la obra cubana Azul Pandora, de Alan González. El corto sigue la vida de Pandora, una mujer trans de 40 años, y su interacción con un joven que intenta enamorarla y un amor que ya no será. Una exploración sobre la identidad, el amor y la resistencia.
Mientras que el jurado —conformado por el director Francisco Lezama, la programadora del Festival de Cine de General Pico, Ana Contreras y el periodista Ulises Rodríguez— otorgó una mención especial a Nocturno, codirigido por Ana Apontes y Sol Muñoz. Esta última también se llevó el Premio del Público, reafirmando su potencia emocional y narrativa.
En la sección Cortos de Escuela, el reconocimiento principal fue para Segundo plano, de Renata Poncini, y la mención fue para Memento Mori, de Isidoro Zárate. Entre los premios independientes, la APAC (Asociación de Productores Audiovisuales de Córdoba) premió a Una casa con dos perros, de Matías Ferreyra, mientras que El que no salta es un inglés, del mendocino Gonzalo Canillas, fue distinguido con el premio RAFMA "Edgardo Pipo Bechara".
Más allá del palmarés, uno de los momentos más significativos de esta edición fue la deliberación abierta del jurado de largometrajes, que se llevó a cabo durante casi tres horas en el teatro El Alma Encantada. La instancia permitió a los espectadores presenciar un proceso normalmente vedado, en el que las ideas se cruzan, los criterios se contrastan y la pasión por el cine se vuelve una conversación colectiva.
Allí, Rodrigo Moreno, Lucía Salas e Iván Zgaib compartieron acuerdos y disensos, y pusieron sobre la mesa los dilemas del juicio estético: ¿qué implica que una película “funcione”? ¿Cómo se pondera la ambición narrativa frente a la ejecución técnica? ¿Qué rol juegan el riesgo formal, el contexto de producción y el impacto emocional? Más allá del veredicto final, el mayor valor de esta experiencia estuvo en ese ejercicio colectivo de pensamiento y escucha, que también acercó al público al modo en que los profesionales del cine dialogan entre sí y con las películas.
La dinámica, que también tiene lugar en el Festival de Lanzarote (España), fue inédita para la mayoría de los asistentes, que vivieron la experiencia como un gesto de transparencia, formación y comunidad.
La deliberación se desarrolló con respeto, tensión creativa y argumentaciones profundas, que pusieron en valor tanto los puntos de encuentro como las diferencias de perspectiva entre los integrantes del jurado. En ese espacio, el cine dejó de ser sólo una obra para mirar y se transformó en una materia viva que interpela, se defiende y se piensa. Una experiencia que, sin dudas, fortalece el vínculo entre el público, las películas y quienes las evalúan.
A lo largo de cuatro jornadas el festival propuso un programa articulado por su programador, el crítico Roger Koza, que incluyó no sólo las proyecciones en competencia, sino también charlas, presentaciones y debates. Esa zona de intercambio entre público, artistas e invitados se volvió uno de los núcleos vitales del encuentro.
Para marcar la temperatura de esta edición basta con mirar las películas elegidas para la apertura y el cierre: El mensaje, del santafesino Iván Fund —recién premiado en Berlín— y Cuando las nubes esconden la sombra, del chileno José Luis Torres Leiva, protagonizada por la actriz y directora argentina María Alché.
Una vez más, la capital del folclore volvió a reunir a críticos, cineastas, estudiantes y espectadores que se encontraron en salas como el Centro de Convenciones y el teatro El Alma Encantada.
Otro de los atractivos fue el mural itinerante de DAC Homenaje al Cine Nacional, una obra de Andy Riva que recorre el país como testimonio gráfico de un cine que insiste en resistir.
Cosquín volvió a dejar en claro que el cine no se agota en los estrenos ni en las plataformas. A veces, se encuentra en un plano, una discusión pública, una espera sin apuro o una película vista sin saber demasiado. En esos fragmentos, también puede reconocerse una forma de lo real.
Ese vínculo entre cine y comunidad es una de las marcas de fábrica del FICIC. El festival no se limita a exhibir películas, sino que las convierte en disparadores de ideas, emociones y encuentros. Se destacan las charlas con directores, las presentaciones especiales, y sobre todo, la presencia sostenida de un público fiel, como el caso de Ana y Norberto, una pareja de Rosario que, desde hace una década, viaja cada año para asistir al festival y que en esta edición recibieron el Premio “Gracias por venir”, uno de los clásicos del FICIC, que reconoce a quiénes año tras año acompañan al Festival.
Un gesto que condensa lo que significa el FICIC para muchos: no sólo una selección cuidada de cine independiente, sino también un espacio de pertenencia y afecto.