Teatro Politeama

Eduardo Blanco emprende un entrañable crucigrama escénico a través de “Empieza con D, siete letras”

“La vida siempre te interpela. Cuando pensás que tenés todo acomodadito, viene y te sorprende, a veces para bien, a veces para mal”, reflexionó el actor en una entrevista exclusiva con EscribiendoCine.

Eduardo Blanco emprende un entrañable crucigrama escénico a través de “Empieza con D, siete letras”
viernes 10 de enero de 2025

Este verano, miles de personas se reunirán en un consultorio dental nocturno emplazado en el Teatro Politeama. El motivo de sus visitas no será para atenderse con los odontólogos sino para ser testigos de una historia atravesada por el amor, la emoción y las risas, y protagonizada por los personajes ficticios Miranda y Luis, que son interpretados por Fernanda Metilli y Eduardo Blanco. Desde el viernes 10 de enero, los actores presentan la obra Empieza con D, siete letras (2025), dirigida por Juan José Campanella, quien también la escribió -junto a Cecilia Monti-.

El relato, en el que además participan el actor Gastón Cocchiarale y la actriz Maru Zapata, comienza cuando Miranda Delgado, una profesora de yoga en sus 30, verborrágica, carismática y con un humor tan afilado como su lengua, y Luis Cavalli, un médico retirado en sus 60, viudo y todavía buscando el manual de instrucciones de un nuevo mundo, chocan de la manera más inesperada y viven una montaña rusa emocional.

En la comedia es fundamental el público, ya que con su reacción termina de completar la obra. ¿Cómo están viviendo esta instancia de ensayos, previa al estreno?
Siempre se vive con incertidumbre, a pesar de las percepciones que uno puede llegar a tener, y que cuando haya leído la obra haya dicho '¡qué divertida!'. Yo trato de recordar cuando la leí por primera vez porque con las comedias pasa muchísimo que en el trajín de los ensayos llega un momento que aquello que te causaba gracia, luego, te genera la duda, '¿alguien se va a reír de esto?'. Eso nos había pasado con Parque Lezama, que era una obra con dos señores ancianos compartiendo el banco de un parque. Después, al estrenar, la gente se reía tanto que nosotros no lo podíamos creer.

Cada historia es una nueva aventura, y Empieza con D, siete letras no es solamente divertida, también es emocionante. La gente a la que le gusta Campanella, cuando ve una historia a cargo suya, ve su sello, su marca, y sabe que se va a encontrar con una comedia divertida que invita a reflexionar sobre algunas cosas de la propia existencia, a ver al otro, acordate que hay otro, formamos parte de una sociedad, que es la sumatoria de uno, más uno, más uno, más uno. Una percepción mía es que si en las épocas que estamos viviendo nos olvidamos de que hay otro, estamos complicados para formar una sociedad donde todos podamos tener la ilusión de un bienestar. No estoy hablando solamente de los políticos, o de las decisiones, el mundo que estamos viviendo cada vez es más introspectivo.

La obra invita a tener en cuenta que la vida siempre te interpela, cuando pensás que tenés todo acomodadito y que nada te va a lastimar, viene y te sorprende, a veces para bien, a veces para mal. No hay nada que esté quieto y se quede en el mismo lugar, permanentemente está en movimiento, con otros alrededor tuyo.

Todo género tiene sus particularidades. ¿Cuáles son las de hacer una comedia romántica?
Yo no estoy tan seguro que sea solo una comedia romántica, también te podría decir que es una comedia dramática. Las comedias de Campanella, en general, en cine y en teatro, para mí tienen un mensaje positivo, más allá de lo que te toque vivir. En Empieza con D, siete letras, mi personaje, una persona de 65 años, recién jubilada, viuda tras casi 40 años de matrimonio, y con un hijo, ¿qué más puede esperar del amor a esa edad? Sin embargo, la vida lo sorprende.

Luis es un personaje más cercano al que hice en Parque Lezama, ya que en este último él tenía 85 años y yo 55. Creo que va a volver a suceder algo que sucedía en Parque Lezama, que la historia no terminaba cuando bajaba el telón, cuando salías de la sala podías seguir compartiendo con la persona que habías ido algunas cosas del cuento que te habían contado, y que siguiera en uno, por lo menos, unos días.

En esta historia, Luis y Miranda se conocen a partir de un encuentro inesperado. En tu caso, ¿el encuentro con tu profesión fue buscado/intencionado o inesperado/casual?
En épocas donde el resultado inmediato parece preponderar, yo creo mucho en los caminos. Nada sucede en un instante, en un momento, y a partir de ahí la historia fue otra. Y no lo fue en mí, lo creo de la vida y para todos. Todo se va construyendo, y está bueno que así sea. Lo que hay que disfrutar, finalmente, es el camino. Si uno solo espera el resultado, todos tenemos más fracasos que éxitos, y no me refiero en términos de presentar un trabajo que funciona o no funciona, sino en la vida, desde el amor, desde todo. El recorrido te va enseñando e invitando a que, si tomaste un camino que creíste que era el acertado y, de repente, no lo era, podés retroceder y volver a reelegir. Yo pertenezco a una generación en la que ya cuando terminabas la escuela primaria parecía que tenías que elegir lo que ibas a ser el resto de tu vida, de acuerdo a lo que ibas a estudiar. Bueno, no hay para siempre en nada, y en esto creo que, como humanidad, o como sociedad, hemos aprendido un poco y está bueno que lo pongamos en práctica.

Tomar nota

Empieza con D, siete letras se presenta, desde el 10 de enero, con funciones de miércoles a domingo, en el Teatro Politeama (Paraná 353, Capital Federal). Entradas a la venta por Plateanet

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