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Crítica de “Después de Un buen día”: el fenómeno después del fracaso cinematográfico

Néstor Frenkel (“Los ganadores”, “Los visionadores”) indaga en los motivos que convirtieron a la película “Un buen día” (2010) en un filme de culto vanagloriado por fanáticos.

martes 04 de junio de 2024

Después de Un buen día (2024) está dividido entre la realización de la película con Aníbal Silveyra y Lucila Solá, y el fenómeno producido inmediatamente después que llega hasta nuestros días, película de Frenkel incluida.

En la primera parte, el documental va describiendo a cada uno de los responsables de aquella producción destinada al fracaso: un guionista que nunca había escrito cine, un director de 82 años que nunca había dirigido para la pantalla grande, rodeados de un montón de estudiantes recién egresados de carreras afines, para un film rodado en Long Beach, California, con el espíritu de una década de los noventa que había terminado hace diez años ¿qué podía salir mal?

En ese apartado, Frenkel revela con astucia que el alma de su película es Enrique Torres, el guionista, productor y eterno buscavidas. Casado con Anabella Del Boca, hermana de Andrea, Torres es todo un personaje. Desde sus inicios como futbolista en Chacarita hasta su vida en Europa dirigiendo una revista erótica durante el destape español, su carrera ha sido marcada por la reinvención. De regreso en Argentina, fue guionista de telenovelas exitosas de los años ochenta y noventa, como "Celeste," "Antonella," "Perla Negra," "Nano," "Cebollitas," y "Muñeca Brava." Torres construyó su reputación en ese universo, pero cuando ese mundo cambió y el trabajo comenzó a escasear, se mudó a Los Ángeles para buscar nuevas oportunidades. Y un día intenta regresar con el cine.. y vaya si regresó.

Luego Después de Un buen día centra su atención en el autodenominado “grupo de apreciación” de la película, que alquilan salas de cine para proyectarla entre los fanáticos, se visten y arman posteos constantes en redes, usan las frases para rendirle culto al film, en una suerte de apropiación bizarra que continúa. En ese momento la película de Frenkel traza un ocurrente montaje paralelo entre Long Beach y Longchamps donde vive uno de los “apreciadores”.

No veremos aquí al Frenkel más incisivo, de mirada irónica y crítica sobre el objeto documentado. Al contrario, tenemos un homenaje respetuoso sobre los creadores del ahora objeto de culto, y también, sobre los promotores de esa adoración divertida, bizarra y sobredimensionada, que produce la película Un buen día (2010).

Después de Un buen día es la crónica de la realización del paradigmático film, del fenómeno construido por sus fans pero, sobre todo, una suerte de biopic de Enrique Torres, un personaje de esos que Frenkel disfruta retratar. En el amor por el placer culposo, por el humor involuntario, por lo kitch, radica esta propuesta, un verdadero fan service sin desperdicio.

7.0
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