2026-04-19

Retrospectiva de su obra

Del archivo a la pantalla: el cine de Liliana Paolinelli encuentra nueva vida en el BAFICI

Liliana Paolinelli es una de las voces singulares del cine argentino contemporáneo, con una trayectoria que alterna lo narrativo con lo cinematográfico. Nacida en Córdoba en 1968, se formó en el Departamento de Cine y TV de la Universidad Nacional y desarrolló una mirada autoral atravesada por la dramaturgia y el interés por contar historias de lo cotidiano. A lo largo de su carrera presentó una filmografía que incluye títulos como Lengua materna (2010), Por sus propios ojos (2008) y Margen de error (2019), donde lo que trasciende es lo disruptivo y el día a día filmado desde una perspectiva humana y natural.

En ese recorrido, el Buenos Aires Festival Internacional de Cine Independiente (BAFICI) dedica uno de sus focos a una etapa menos conocida de su obra y pone en circulación materiales que habían quedado fuera del circuito. El ciclo reúne un largometraje, cinco mediometrajes y seis cortos realizados entre 1989 y 2003, que hoy regresan tras un proceso de recuperación y reedición.

Estas películas nacieron en video y en condiciones de producción completamente independientes, con el poder de acción, con el espíritu de Paolinelli a pulmón y un equipo de amigos estudiantes de cine con ganas de hacer. Fueron filmes que durante años quedaron relegados, incluso para su propia autora “Son trabajos que yo tenía un poco alejados de la conciencia. Cuando surgió la idea volví a verlas y fue una gran sorpresa porque me gustaron, me sorprendieron mucho”, reconoce la directora y afirma que la distancia temporal habilitó una nueva lectura, menos atravesada por la exigencia técnica y más abierta a lo que esas imágenes todavía podían decir. “Durante mucho tiempo no estuve conforme, faltaban cosas que la tecnología y los recursos de entonces no me permitían hacer y las tuve que dejar así, resignarme a que quedaran con una forma que no me satisfacía del todo”, explica Paolinelli.

Así fue cómo, mediante la digitalización y la edición, se pudieron rescatar la calidad de los archivos a partir de sus originales: “Tenía una montaña de cassettes, pero bien guardados, lejos de la humedad, yo había guardado todo”, cuenta Liliana. Con la base en ese archivo, se digitalizó todo el material y emprendió una reedición minuciosa que incluyó recortes, ajustes de ritmo, eliminación de diálogos y revisión de decisiones sonoras. “Hice un trabajo fino para llevarlas a su mejor versión posible, aunque dejamos algunas de las huellas fílmicas de entonces, porque si bien la idea era eliminar algunos defectos, me interesaba que quedara la marca de origen”, señala la aurora. Esa decisión conserva el vínculo con el soporte y la época, y convierte al material en un testimonio de las condiciones en que fue realizado.

El foco está organizado en cuatro programas, una división que responde a núcleos temáticos que emergen de las propias películas. Hay un bloque vinculado al amor, Programa 1: Verdad o consecuencia (1991), Ella (1991), El Ateneo (2003); otro centrado en diversidad y género, Programa 2: Tener o no tener (1995), Los días de la regla (2003), La cadena (2000); un tercero con impronta policial, Programa 3: Motín (1997), Los pasos en la habitación (1992), Verano (1992); y un último atravesado por la niñez, Programa 4: El circo (1989), La flor de la vida (2003), El otoño (1994). “Las películas se acomodaron bastante solas por sus componentes individuales. Desde el BAFICI me dieron la posibilidad de elegir el orden, sin embargo yo creo que no podría haberse dado de otra manera”, explica Paolinelli.

Dentro de ese recorrido, algunos títulos adquieren un peso particular para la época, desde lo disruptivo o desde lo tangible y cotidiano: “Verdad o consecuencia (1991) la quiero mucho porque sentí que ahí logré decir lo que quería y contar ese pasaje de la niñez a la adolescencia que está tan presente en todos nosotros” detalla la autora quien también señala el trabajo de Tener o no tener (1995) o La cadena (2000), donde la directora abordó relaciones entre mujeres en un contexto en el que la diversidad no formaba parte del debate público: “No fue muy bien recibida, generó desconfianza, mi idea era mostrar que la identidad no era el conflicto de la película sino los problemas del dia a dia, pero eso fue incómodo para la época” recuerda. 

El origen de estas películas se vincula con su paso por la Escuela de Cine de Córdoba, en una etapa marcada por la falta de recursos y la inestabilidad institucional. Los proyectos surgían de grupos informales de trabajo integrados por compañeros y amigos, que se sumaban según disponibilidad. “Éramos amigos, hacíamos cine como podíamos, con lo que había” sintetiza. Solo uno de los trabajos contó con un subsidio de la Fundación Antorcha. El resto se sostuvo en un contexto que la directora define como “adverso” para el cine independiente argentino. “Es muy difícil recuperar costos”, señala.

Aun así, el ritmo de trabajo fue constante, “Hacía una película por año, un montón”, sostiene Liliana. Ese impulso creativo, sostenido con herramientas limitadas, dialoga hoy con un escenario donde la tecnología amplió el acceso a la realización audiovisual. 

El reconocimiento la tomó por sorpresa: “No era algo que buscara, lo que me importaba era recuperar mi historia”, afirma. Sin embargo, la circulación en el BAFICI permite que estas obras encuentren un nuevo público y una instancia de legitimación que en su momento no tuvieron. “Es hermoso que otros puedan sorprenderse con lo mismo que me sorprendió a mí”, agrega Paolinelli. 

Además de las proyecciones, el ciclo incluye una charla abierta en la Sala Casacuberta del Teatro San Martín, donde Paolinelli comparte el proceso junto a parte del equipo técnico y artístico que la acompañó en aquellos años. En paralelo, la directora continúa desarrollando nuevos proyectos, principalmente en el terreno documental. Actualmente trabaja en una película sobre la escritora Liliana Hecker y explora nuevas ideas en esa línea. 

El foco en el BAFICI funciona así como una instancia de revisión, pero también como una plataforma hacia adelante. “Ahora estoy feliz con el resultado, puedo decir que estoy realmente satisfecha”, concluye Paolinelli sobre un conjunto de obras que, tras décadas, vuelve a encontrar su lugar en la pantalla.

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