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Crítica de "Queer": Luca Guadagnino entre el caos, el deseo y la extraordinaria actuación de Daniel Craig
Luca Guadagnino vuelve a sorprender con su capacidad para reinterpretar obras literarias en el cine, esta vez tomando como base Queer de William S. Burroughs. El resultado es una película que desborda energía, osadía y emociones complejas, ambientada en una Ciudad de México vibrante y decadente de los años 50. Daniel Craig y Drew Starkey deslumbran con actuaciones cargadas de intensidad emocional y una notable vulnerabilidad, mientras que Jason Schwartzman se luce como un amigo cómplice, aportando carisma y profundidad al conjunto.
Desde sus primeras escenas, Guadagnino establece un tono peculiar y casi paródico. La trama sigue a William Lee (Craig), un expatriado que sobrevive en un entorno donde el deseo, la codicia y el humor negro convergen. Los personajes, sumidos en una comunidad efímera, enfrentan dilemas tan crudos como universales: ¿escapar o enfrentar la realidad?
Guadagnino logra encapsular la toxicidad y el romanticismo de los años 50, un periodo marcado por restricciones sociales y una búsqueda desesperada de libertad. En Queer (2024), los protagonistas navegan entre pasiones, excesos y pérdidas. Destaca la relación entre Lee y Gene, donde el amor se presenta como una mezcla de dependencia y autodestrucción.
La narrativa no escatima en provocación. Desde un acuerdo de "compañía íntima" hasta la búsqueda del mítico yagé —la sustancia que promete poderes telepáticos—, la película combina elementos de realismo mágico y drama existencial. Y todo ello está cubierto por una atmósfera de mezcal, tristeza y calor sofocante que impregna cada escena.
En el papel de William Lee, Daniel Craig muestra una de sus actuaciones más poderosas de su carrera. Su personaje, atrapado entre el cinismo y la vulnerabilidad, refleja a la perfección el conflicto de alguien que ha visto y hecho de todo, pero que aún anhela el amor y la aceptación. Su dinámica con Gene (Starkey) ofrece momentos de ternura y devastación, resumiendo el poder destructivo del deseo.
Uno de los aciertos de Queer es su banda sonora, una selección ecléctica y cuidadosamente curada de temas de world music que no solo acompaña, sino que potencia la narrativa de la película. Los sonidos tradicionales de América Latina se entrelazan con influencias globales, creando un contraste fascinante entre la nostalgia del pasado y la energía vibrante de la modernidad.
Lejos de ser un simple telón de fondo, la música en Queer funciona como un elemento narrativo crucial, elevando las emociones de cada escena. Las melodías melancólicas reflejan con precisión la soledad y el anhelo interno de William Lee, mientras que los ritmos más intensos y dinámicos subrayan los momentos de caos, deseo y exceso que caracterizan su entorno. En muchos sentidos, la banda sonora se convierte en un personaje más dentro de esta historia, capturando y transmitiendo el espíritu de una época y un lugar donde la pasión y la decadencia conviven a cada instante.
Queer es una exploración de los extremos del amor, la pérdida y la identidad. Guadagnino demuestra nuevamente su maestría para fusionar estilos visuales y narrativos, creando una película que desafía las convenciones y deja al espectador con más preguntas que respuestas.