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Crítica de "Putamadre": el cine y el teatro reúnen a una madre y su hijo preso

Con dirección de Felicitas Kamien y dramaturgia de Tere Donato y Caro Fernández, Putamadre cruza teatro y cine para poner en escena el vínculo entre una madre y su hijo preso.

Crítica de "Putamadre": el cine y el teatro reúnen a una madre y su hijo preso
sábado 31 de octubre de 2026

Santiago elogia a su madre y, entre risas, cuenta que ella le había pedido que dijera eso. Caro Fernández recibe el cariño y queda expuesta al mismo tiempo. Ese momento de Putamadre permite pensar una incomodidad que atraviesa el vínculo: después de tantos años de intentar ayudarlo, ella también necesita escuchar algo de él. Santiago le dice lo que espera, pero agrega su comentario. Esa pequeña desobediencia cambia el relato: él también tiene algo que decir sobre la madre que quiso salvarlo.

Fernández llevó su primera novela de autoficción al teatro con dramaturgia compartida con Tere Donato y dirección de Felicitas Kamien. Ella está frente al público; su hijo, Santiago Laborde, aparece en una pantalla desde la cárcel. Tiene 24 años y lleva cinco preso. Reconstruyen una vida atravesada por el consumo, las internaciones y la búsqueda de una salida. Caro puede caminar por el escenario, acercarse, mover objetos. Él llega hasta ella y hasta los espectadores a través del cine. Para contar juntos necesitan esa pantalla que también recuerda por qué no pueden estar uno al lado del otro.

Mientras habla, Caro mueve y apila estructuras de metal, se apoya sobre ellas, se inclina hasta sostener el peso con los brazos. Hay un trabajo que no termina: acomodar algo para volver a cargarlo. Esos movimientos permiten sentir el desgaste antes de que una frase lo convierta en reproche: ella es la única capaz de soportar a su hijo. Se entiende el cansancio de quien sigue ahí, pero también lo que significa para Santiago escucharse nombrar como alguien a quien hay que soportar. La obra toca un punto del que cuesta hablar sin juzgar a la madre: cuidar también puede lastimar, sobre todo cuando todo lo que se hizo por el otro vuelve como una cuenta pendiente.

La presencia de Santiago impide que esa cuenta ocupe toda la historia. Se ríe, abraza, besa, anda en skate. Las rejas y los alambrados siguen alrededor, pero esos gestos permiten conocer algo de sus días, más allá de las crisis que lo llevaron hasta allí. Tiene humor, busca contacto, encuentra cómo pasar el tiempo. Su madre puede contar lo que sufrió al acompañarlo; él puede mostrar una parte de su vida que no se explica por ese sufrimiento. El cruce entre teatro y cine cobra sentido en esa diferencia: cada uno aporta algo que el otro no puede contar por él.

Putamadre encuentra su fuerza cuando deja que el cariño y el fastidio aparezcan juntos, sin pedirles a Caro y a Santiago que se reconcilien para tranquilidad del público. El esfuerzo de ella no garantiza salvarlo ni le concede razón en todo; la risa de él tampoco borra los años que ambos atravesaron. La obra les ofrece un encuentro y conserva lo que ese encuentro no alcanza a resolver. Por eso importa tanto aquella broma de Santiago: por un momento puede hablarle a su madre sin tener que agradecerle.

6.0
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