HBO Max

Crítica de "La masacre de Flores": cuando el dolor de Matías Bagnato se convierte en espectáculo

La docuserie reconstruye el crimen que atravesó la vida de Matías Bagnato y sus consecuencias durante más de tres décadas. Su testimonio y las conversaciones con Juan José Campanella abren una pregunta: cómo contar la persistencia del daño sin convertir cada recuerdo en una instancia de conmoción.

Crítica de "La masacre de Flores": cuando el dolor de Matías Bagnato se convierte en espectáculo
domingo 25 de octubre de 2026

El género true crime encontró una fórmula infalible: reconstruir un crimen aberrante, seguir el rastro de la justicia y cerrar la historia con una condena. La masacre de Flores (2026) parte de ese esquema para dinamitarlo desde adentro. A lo largo de tres episodios, la producción regresa al incendio provocado el 17 de febrero de 1994 en el barrio porteño de Flores —donde murieron los padres de Matías Bagnato, sus dos hermanos menores y un amigo —, pero desplaza el foco hacia lo que vino después: las tres décadas en las que sobrevivir no significó sanar, sino resistir el miedo.

Con la voz de Bagnato como columna vertebral y las conversaciones sostenidas con Juan José Campanella, la serie expone la trama de amenazas que precedió al ataque de Fructuoso Álvarez González. Sin embargo, su mayor acierto no radica en repasar los expedientes, sino en cambiar la pregunta: el problema ya no es solo qué ocurrió aquella madrugada, sino qué clase de protección recibió quien pudo contarlo.

Es en la construcción formal donde la propuesta tropieza. Aunque el testimonio de Bagnato y la diversidad de voces —periodistas, amigos y operadores judiciales— aportan densidad al relato, la dirección recurre sistemáticamente a recursos estilísticos como la música incidental y los pasajes de tensión calculada para subrayar el dramatismo.

Esa apelación constante al artificio busca producir una respuesta afectiva inmediata en el espectador. La partitura musical y los silencios medidos actúan como marcas que dictan cómo se debe sentir la audiencia ante cada revelación. Esa operación estética desvía la atención del conflicto real: en lugar de profundizar en el abandono institucional y en la persistencia del peligro, la puesta en escena prioriza el impacto emocional, como si el horror del caso necesitara de muletillas sonoras para resultar verosímil.

El valor de la docuserie dirigida por Augusto Tejada aparece cuando despoja al testimonio de esos subrayados. Cuando la serie confía en la dimensión política de la palabra de Bagnato, el relato deja de funcionar como un mero repaso de la tragedia para transformarse en una interpelación severa al Estado.

La masacre de Flores  demuestra que la justicia no se agota en una sentencia judicial, sino en la posibilidad concreta de que una víctima pueda habitar el mundo sin temor. Cuando la narrativa abandona la urgencia de conmover a toda costa y se concentra en interrogar las fallas del sistema, el documental trasciende el efectismo y se convierte en un documento indispensable sobre la memoria y las deudas institucionales.

5.0
Te puede interesar
Últimas noticias
MÁS VISTAS