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Crítica de “Terror en el Amazonas”: una serpiente gigante y poco más

El director de “Noche de paz, noche de horror” actualiza el imaginario de las serpientes gigantes con una propuesta de terror crudo y visceral.

Crítica de “Terror en el Amazonas”: una serpiente gigante y poco más
jueves 22 de octubre de 2026

Hay algo de El proyecto Blair Witch (The Blair Witch Project, 1999) y del primer Sam Raimi en Terror en el Amazonas (Beware Boiúna, 2026), la nueva película de Mike P. Nelson, director de Noche de paz, noche de horror (Silent Night, Deadly Night, 2025), remake del clásico de los ochenta. Con más crudeza que espectáculo, la película apuesta por un cine de terror sórdido, visceral y extremo, en el que la hostilidad del entorno y la amenaza de una criatura gigantesca convierten una expedición humanitaria en una pesadilla de supervivencia.

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La historia sigue a un grupo de jóvenes médicos que viaja a las profundidades de la Amazonía para asistir a comunidades de difícil acceso. Sin embargo, un conflicto los obliga a internarse cada vez más en la selva, donde descubren la presencia de Boiúna, una serpiente ancestral vinculada al folclore de la región. La misión guiada por el idealismo deriva en una lucha por la supervivencia. 

Nelson construye una experiencia física, apoyada en la sensación de peligro y en una puesta en escena que privilegia el desconcierto. La narración busca generar sobresaltos a partir de aquello que permanece fuera de campo, de la amenaza que se intuye antes de mostrarse y de la vulnerabilidad de los personajes frente a un territorio que no controlan. En ese sentido, hay ecos del terror independiente de bajo presupuesto y de una tradición que entiende el género como una cuestión de atmósfera, montaje y violencia. La apuesta funciona por momentos, aunque no siempre consigue sostener la tensión ni disimular las convenciones del relato de supervivencia.

La criatura se ubica entre la leyenda y la ciencia: Boiúna remite a una serpiente gigantesca del folklore amazónico, mientras que la producción toma como referencia a la Titanoboa, una especie prehistórica que habitó la región hace millones de años. El animal cinematográfico, inspirado también en la anaconda verde, alcanza dimensiones extraordinarias y fue integrado al paisaje colombiano de Leticia, donde se realizó el rodaje. La intención de vincular el monstruo con un entorno concreto le aporta cierta singularidad a la propuesta, aunque no alcanza para convertirlo en una presencia verdaderamente novedosa.

Con Kiana Madeira, Jessica Rothe y Logan Marshall-Green al frente del elenco, Terror en el Amazonas recupera un terror áspero, alejado del acabado pulido de las grandes producciones y consigue algún que otro sobresalto. Sin embargo, no deja de ser una suerte de Anaconda 2.0 que cambia el envoltorio y endurece el tono, pero que no encuentra una nueva manera de explotar el miedo a las bestias gigantes.

6.0
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