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Crítica de "Mi mejor amigo": el deseo y la dificultad de encontrar un lugar
Martín Deus explora el vínculo entre dos adolescentes que deben aprender a convivir. A través de sus diferencias, la película aborda la atracción, la lealtad y los mandatos que condicionan la manera de expresar lo que sienten.
En Mi mejor amigo (2018), la dificultad de comunicar lo que sucede encuentra una forma en las miradas, los silencios y las reacciones de sus protagonistas. Martín Deus sitúa el relato en ese momento de la adolescencia en que el deseo comienza a tensionar las expectativas familiares y la necesidad de pertenecer a un grupo.
La historia comienza cuando Caíto (Lautaro Rodríguez) llega a la casa de Lorenzo (Ángelo Mutti Spinetta), donde viven sus padres, interpretados por Guillermo Pfening y Moro Anghileri, y su hermano menor, encarnado por Benicio Mutti Spinetta. La convivencia reúne a dos chicos con maneras de actuar que parecen incompatibles. Sin embargo, Lorenzo se convierte en un apoyo para Caíto, cuyos problemas personales aparecen tanto en lo que cuenta como en sus intentos de evitar cualquier explicación.
Una escena de fútbol establece la posición de Lorenzo frente a sus pares. Queda entre los últimos elegidos para un partido, y esa espera permite observar su dificultad para integrarse a una dinámica donde la competencia y la demostración de fuerza funcionan como códigos de pertenencia. Su interés por la lectura y su forma de relacionarse lo sitúan a cierta distancia de ese modelo. Desde su perspectiva, la película examina las presiones por tener una primera experiencia sexual y responder a lo que otros esperan de él.
Caíto se expresa mediante la acción: arregla bicicletas, se desenvuelve en los deportes y recurre a los golpes. Esa disposición también le permite eludir aquello que no logra poner en palabras. La diferencia entre ambos organiza el acercamiento, aunque el relato cobra interés cuando deja de tratarlos como opuestos y muestra cómo cada uno modifica la conducta del otro.
La atracción convive con la amistad, la protección y la lealtad. Deus evita resolver de inmediato la naturaleza del vínculo y concentra la tensión en sus posibilidades: cuánto pueden acercarse, qué están dispuestos a compartir y hasta dónde pueden acompañarse. La incertidumbre nace de los límites que encuentran para reconocer y expresar sus sentimientos.
Las actuaciones sostienen ese proceso mediante gestos que a menudo contradicen las palabras. En las conversaciones de Lorenzo con su madre, las miradas revelan lo que sus respuestas intentan reservar. Cuando Caíto observa a la novia de otro mientras juega al pool, su conducta parece orientada a provocar una pelea. El conflicto aparece como una vía de descarga y como una manera de mantener a los demás a distancia.
La película encuentra en esas situaciones una forma de acercarse a sus protagonistas sin explicarlos por completo. Su pertenencia al cine de temática gay permite examinar cómo los mandatos de masculinidad intervienen en la experiencia del deseo, pero el relato no reduce a Lorenzo a su orientación sexual ni convierte a Caíto en una respuesta a sus necesidades.
Mi mejor amigo construye su mirada sobre esa falta de correspondencia: lo que uno siente no siempre coincide con lo que el otro puede ofrecer. Allí reside el alcance de la historia, en la dificultad de sostener un vínculo cuando el afecto existe, pero las palabras y las circunstancias todavía no permiten encontrarle un lugar.