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Crítica de “Backpay”: Mike Gallant y el crimen como única opción
Un thriller independiente que convierte la asfixia económica de una familia trabajadora en el motor de un plan criminal.
Dirigida, escrita y protagonizada por Mike Gallant, Backpay (2026) sigue a un hombre (Gallant) y su pareja (Seled Calderon), a punto de tener su segundo hijo, mientras atraviesan una complicada situación financiera. Las deudas, los pagos pendientes y la incertidumbre económica comienzan a afectar la relación hasta poner en crisis la estabilidad familiar.
En medio de ese escenario, el protagonista (Mike Gallant) se reencuentra con un viejo amigo (Dwain Murphy) y juntos diseñan un plan para recuperar el dinero que le deben. El problema es que quien adeuda ese dinero es un político (Jason Pennell), un detalle que modifica el sentido del atraco.
Por su argumento, Backpay utiliza una premisa para desplazarse hacia el terreno del melodrama familiar y el thriller. Aquí el crimen surge de una situación económica que parece dejar cada vez menos alternativas. Y el hecho de que el deudor sea un político agrega además una dimensión moral: el protagonista se enfrenta a una figura asociada al poder y a las reglas que organizan esa misma sociedad.
Los conflictos cotidianos funcionan como la base dramática de esta producción independiente, que toma elementos del cine de atracos para llevarlos hacia un territorio más cercano a la realidad de una familia trabajadora. Las cuentas por pagar, las obligaciones acumuladas y la llegada de un nuevo hijo colocan al protagonista al borde de la cornisa. Recuperar el dinero deja entonces de ser simplemente una cuestión de justicia o revancha: se convierte en una última oportunidad para sostener su vida familiar.
Backpay cuenta la historia de una persona común empujada hacia situaciones extremas. El atraco funciona entonces como una inversión de la lógica tradicional del género: no son los delincuentes quienes persiguen el dinero de los ciudadanos, sino un trabajador quien decide recuperarlo de alguien que, además, pertenece al ámbito del poder.
Sin embargo, Backpay funciona mejor cuando se concentra en los mecanismos del thriller que cuando insiste demasiado sobre el conflicto de pareja. El melodrama familiar sirve como disparador y permite comprender las motivaciones del protagonista, pero cuando la película subraya demasiado sus conflictos sentimentales pierde parte de la fuerza que encuentra cuando avanza hacia el terreno criminal. También aparecen algunos pequeños momentos de comedia que aportan una tonalidad diferente y que, de haberse desarrollado un poco más, podrían haber ayudado a equilibrar el conjunto.