Recomendaciones literarias

Cuatro libros para perderse entre vidas, secretos y fugas

De Roberto Bolaño a Ada Falcón, de una familia italiana a una carretera canadiense: cuatro libros que invitan a entrar en vidas donde siempre queda algo por descubrir.

Cuatro libros para perderse entre vidas, secretos y fugas
domingo 09 de agosto de 2026

Elegir qué leer también tiene algo de azar. Uno entra a una librería buscando una cosa y sale con otra, levanta un libro por el título, reconoce un nombre, lee dos páginas de pie y de pronto ya está adentro. Estos cuatro libros producen, cada uno a su manera, ese pequeño movimiento. No se parecen demasiado entre sí y quizás ahí esté la gracia: hay una biografía de Roberto Bolaño, una saga familiar italiana, la reconstrucción de la vida de Ada Falcón y un thriller que convierte unas vacaciones en una pesadilla. Cuatro puertas distintas para esos días en que uno todavía no sabe qué quiere leer.

Buscar a Bolaño detrás de Bolaño

Tengo cierta debilidad por las biografías, aunque también una sospecha: muchas veces uno termina el libro sabiendo dónde vivió el autor, con quién se acostó, cuánto dinero tenía y qué desayunaba, pero sin entender demasiado mejor aquello que escribió. Con Roberto Bolaño el riesgo es todavía mayor porque él mismo se ocupó de mezclar vida y literatura hasta volver bastante inútil la frontera.

Por eso La sombra de los perros románticos, de Jose Serralvo, publicado por Navona Editorial, resulta atractivo cuando evita convertirlo en estatua y vuelve sobre el muchacho que todavía no sabía que algún día sería “Bolaño”.

Ahí están Chile, México, el infrarrealismo, los años setenta, Cataluña, los trabajos ocasionales, los amigos, la precariedad y esa relación casi desmesurada con la literatura que después reaparecería transformada en personajes, ciudades y conspiraciones poéticas.

Sabemos cómo termina la historia: Bolaño se convierte en uno de los escritores en español más leídos fuera de su lengua, llegan Los detectives salvajes, 2666, las traducciones, el reconocimiento y, después de su muerte, el mito. Lo que interesa de Serralvo es el camino inverso: quitar capas para volver a encontrar al tipo que escribía cuando todavía nadie estaba esperando sus libros.

El volumen tiene además prólogo de Juan Bonilla y epílogo de Valerie Miles. Lo recomiendo especialmente a quienes ya leyeron a Bolaño, porque inevitablemente obliga a regresar a sus novelas buscando las huellas de esa vida. Y también a quienes nunca terminaron de entender por qué aquel chileno errante acabó ocupando semejante lugar en la literatura contemporánea.

Una familia también puede caber en un perfume

El segundo libro cambia por completo el paisaje. La fragancia del mañana, de Francesca Giannone, publicado por Duomo Ediciones dentro de la colección Nefelibata, nos lleva al Salento italiano de 1959.

Giannone viene del fenómeno de La cartera, que superó los 650.000 ejemplares vendidos, pero no hace falta haber participado de ese entusiasmo para entrar en esta historia. Basta una familia y una decisión: el padre de Lorenzo y Agnese vende la fábrica de jabones que heredó y sus hijos descubren que aquello que para él era una condena para ellos era su casa.

Me gusta ese punto de partida porque todos conocemos familias en las que un mismo objeto significa cosas completamente diferentes dependiendo de quién lo mire. Una casa puede ser un refugio para uno y una prisión para otro. Una herencia puede sentirse como regalo o deuda.

Lorenzo se marcha decidido a conseguir dinero para recuperar la fábrica. Agnese se queda porque no concibe abandonar el lugar al que pertenece. Los dos creen estar defendiendo lo mismo.

A partir de ahí Giannone hace lo que mejor funciona en una saga familiar: deja que los años, los amores y las decisiones compliquen aquello que al principio parecía sencillo.

Y están los olores. Talco, flores, aceites, jabones. La fragancia del mañana entiende algo que Proust convirtió en literatura hace más de un siglo: pocas cosas nos devuelven al pasado con la violencia inesperada de un aroma.

Es una novela para leer dejándose llevar, pero debajo de la historia familiar queda una pregunta menos cómoda: ¿cuánto tiempo podemos vivir tratando de recuperar aquello que ya perdimos?

Ada Falcón, o el derecho a desaparecer

De los cuatro, El alma del tango. Ada Falcón, la diva, de Elisa Vázquez de Gey y Eduardo Alberto Zavala, publicado por Ediciones Lea, parte de la historia que más curiosidad me provoca.

Una mujer llega a la cima de su carrera y se va.

Así, simplemente.

Ada Falcón había sido una de las voces del tango que entraban en las casas argentinas cuando la radio y el disco estaban modificando para siempre la cultura popular. Gardel admiraba su voz. Sus grabaciones circulaban, sus romances alimentaban revistas, su nombre era conocido.

A los 37 años dejó de cantar.

Hay algo en esa decisión que todavía desconcierta porque estamos acostumbrados a una cultura donde todos parecen luchar por permanecer visibles. Ada Falcón hizo exactamente lo contrario.

Durante décadas se habló de Francisco Canaro, del amor, de una traición, de la religión, del retiro. El libro sigue esas pistas y también la búsqueda que muchos años después permitió encontrarla y escucharla hablar nuevamente.

Pero lo que más me interesa de Ada no es resolver el misterio como si estuviéramos frente a un policial. Es otra cosa: qué lleva a alguien que consiguió aquello que tantos desean a decidir que ya no lo quiere.

Su silencio terminó siendo parte de su obra. Y quizá por eso seguimos hablando de ella.

Este libro se disfruta incluso sin ser un conocedor del tango. En realidad, puede funcionar al revés: uno termina queriendo escuchar a Ada Falcón. Y cuando un libro sobre música consigue que el lector cierre sus páginas para ir a buscar una canción, algo hizo bien.

Una casa rodante, dos desconocidos y una pésima decisión

Y después de tres viajes hacia el pasado, aparece un libro para leer mirando la hora y prometiéndose “un capítulo más”.

Rehenes en la carretera, de Chevy Stevens, publicado por Motus, empieza en 1976 con una idea que casi nunca funciona en la literatura: una pareja decide hacer un viaje para salvar su matrimonio.

Alice y Tom vienen de atravesar una tragedia. Necesitan alejarse, cambiar de paisaje, recuperar algo que se rompió entre ellos. Suben a una casa rodante y recorren Columbia Británica, Canadá.

Hasta que conocen a Simon y Jenny.

Parecen dos jóvenes hippies que necesitan ayuda. Alice y Tom se acercan. Y uno, como lector, ya sabe que no deberían hacerlo.

Ahí empieza el placer incómodo del thriller: ver a los personajes abrir una puerta que nosotros jamás abriríamos mientras sabemos perfectamente que, llegado el momento, probablemente también la abriríamos.

Simon y Jenny esconden algo. Cuando Alice comienza a comprenderlo ya es tarde. Ella y Tom quedan convertidos en rehenes dentro de su propia casa rodante.

La elección del espacio es uno de los atractivos de la novela. Aquello que debía llevarlos lejos se transforma en una cárcel. La carretera, asociada siempre a la libertad y a la posibilidad de escapar, ya no conduce a ninguna parte.

Pero Chevy Stevens agrega algo que hace que el mecanismo funcione más allá de la amenaza: Alice y Tom ya estaban rotos antes de encontrarse con sus captores. El viaje no empieza con Simon y Jenny. Empieza con aquello que el matrimonio pretendía olvidar.

Es el libro que elegiría para un fin de semana, de esos en los que uno quiere entrar rápido en una historia y salir solamente cuando sepa qué pasó.

Cuatro libros, cuatro maneras de entrar

No hace falta buscar demasiadas explicaciones para reunir estos libros. A veces las recomendaciones funcionan precisamente porque permiten saltar de un mundo a otro.

Si quieren volver sobre Bolaño y descubrir al hombre detrás del escritor, La sombra de los perros románticos, de Navona Editorial. Si tienen ganas de una historia familiar para quedarse durante varias noches, La fragancia del mañana, de Duomo Ediciones. Si prefieren una vida argentina atravesada por el tango, el amor y una desaparición que todavía conserva preguntas, El alma del tango, de Ediciones Lea. Y si lo que necesitan es suspenso y una carretera que se va cerrando alrededor de sus personajes, Rehenes en la carretera, de Motus.

Yo no empezaría necesariamente por el mismo.

Depende del día.

Porque esa también es una de las pocas libertades que todavía conserva el lector: elegir en qué vida ajena quiere desaparecer durante unas horas.

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