Salas
Crítica de “El corazón de la bestia”: la película del perro con Brad Pitt
Brad Pitt protagoniza junto a un perro de nombre Odín, una historia de supervivencia que rememora a los grandes relatos de aventura sin sentimentalismos ni golpes bajos.
El corazón de la bestia (Heart of the Beast, 2026) es un relato de supervivencia que se suma a la tradición de películas como El lado salvaje (The Call of the Wild, 2020) y Togo (2019), aunque más cercana a la segunda que a la primera.
James (Brad Pitt) es un ex militar que viaja junto a su perro Odín a las paradisíacas tierras de Alaska para acampar y pescar. En el viaje de regreso sufre un infarto y estrella su avioneta, quedando ambos aislados a 80 kilómetros de la civilización. Para regresar deberán atravesar a pie bosques, ríos, acantilados y enfrentarse a una serie de animales salvajes.
La historia, escrita por Cameron Alexander y contada de manera clásica, sin sobresaltos narrativos ni vericuetos formales, se centra en el instinto de supervivencia de estos dos sobrevivientes de la guerra. Allí donde la inteligencia y la fortaleza emocional priman por sobre la ternura. Esto hace que la película se parezca más a Náufrago (Cast Away, 2000) o La sociedad de la nieve (2023) que a cualquier otro relato sentimental sobre la amistad entre un hombre y su perro.
También justifica dentro de la trama que los dos protagonistas solo se tengan el uno al otro, carguen con estrés postraumático y posean una serie de habilidades para subsistir ante cualquier circunstancia. Por eso James hace un fuego con la misma facilidad con la que destapa una cerveza y lleva siempre en el bolsillo un kit de primeros auxilios fundamental para mantener a ambos en pie frente a los avatares del territorio salvaje.

Brad Pitt sabe que le sientan mejor los papeles físicos que recitar largos parlamentos. Por eso no tiene problema en meter la cara en el barro, dejarse arrastrar por el bosque o arrojarse al río. Le pone el cuerpo a la historia sin apelar a la sensibilidad ni a la compasión.
David Ayer, que ya lo había dirigido en Corazones de hierro (Fury, 2014), la película del tanque con Brad Pitt, vuelve a trabajar con él en otra producción que lleva la palabra corazón en el título local. Porque de garra y corazón trata la cuestión en esta película simple, directa y efectiva, sin segundas tramas y de tan solo 90 minutos de duración.