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Crítica de "Atormentado": Jeff Nichols convierte a Michael Shannon en un profeta de su tierra

Jeff Nichols construye un inquietante retrato de la crisis estadounidense a través de una de las películas más prometedoras del cine independiente de la década.

Crítica de "Atormentado": Jeff Nichols convierte a Michael Shannon en un profeta de su tierra

Pocos conocían a Jeff Nichols (Mud, 2012) cuando presentó Atormentado (Take Shelter, 2011) en Cannes 2011. Su película sorprendió gratamente a la mayoría de la crítica internacional que le otorgó el Premio Fipresci de la Semana de la Crítica aunque ya había dado muestras de su talento en Shotgun Stories (2007).

Atormentado es la segunda obra de una carrera compuesta por tres filmes hasta ese momento. En ella, su director, un joven norteamericano de tan solo 34 años en aquel entonces, disecciona la sociedad estadounidense a través de un simple argumento: un obrero de clase media que lleva una tranquila vida con su mujer y su hija profetiza un Apocalipsis.

A partir de aquí la cinta se empieza a desgranar gracias a unas imágenes de fuerte poderío audiovisual que forman un cúmulo de sensaciones y transforman cada pequeña acción del personaje principal en un conflicto (social o familiar). La figura del profeta, la llegada de una catástrofe, los sueños transformados en pesadillas, el drama familiar o la crisis (económica y de valores) son algunos de los vértices de un largo que entronca abiertamente con la gran tradición épica americana.

Por ello, no estamos tanto ante una crítica impostada de la crisis actual como frente al trabajo de alguien que conoce su país y despliega su saber en cada gesto. Todo ello sustentado en la figura del protagonista principal interpretado por un Michael Shannon (The Greatest, 2009) magistral muy bien acompañado por Jessica Chastain (El árbol de la vida, 2011).

Sin embargo, a pesar de las incontestables virtudes de la propuesta, a Nichols se le nota aún cierta inmadurez en la puesta en escena. Es capaz de acumular lecturas pero éstas no forman un sustrato homogéneo dentro de unas imágenes que, finalmente, dicen menos de lo que deberían. Todo ello servido en una estructura cinematográfica moderna (un bloque aséptico sin principio ni final) que se antoja algo gratuito y, finalmente, desaprovechado.

Pero se aplauden los riesgos que corre un nuevo realizador que sabe mirar de frente a nuestra realidad. Y aunque su film de cierta sensación de ‘quiero y no puedo’, más triste es constatar como se queda en el mercado de DVD sin pisar las carteleras al momento de su estreno. Por suerte ahora desembarca en plataformas.

7.0
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