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Crítica de "El Avispón Verde": Un insecto de bajo vuelo
Michel Gondry lleva al cine al popular personaje nacido en la radio y consolidado en la televisión. Aunque la película ofrece entretenimiento y algunos momentos efectivos, el resultado queda lejos de las posibilidades que sugería la presencia del director de "Eterno resplandor de una mente sin recuerdos".
urgido en la radio y convertido más tarde en un fenómeno televisivo, El Avispón Verde (The Green Hornet, 2011) llega finalmente a la pantalla grande bajo la dirección del francés Michel Gondry. La propuesta funciona como entretenimiento ligero y accesible, aunque resulta difícil no pensar en lo que podría haber sido considerando la trayectoria de un realizador responsable de títulos como Eterno resplandor de una mente sin recuerdos y La ciencia del sueño.
La historia sigue a Britt Reid (Seth Rogen), heredero del poderoso diario El Centinela, quien debe asumir el control del imperio familiar tras la inesperada muerte de su padre. Marcado desde la infancia por la inmadurez y la falta de responsabilidades, Reid encuentra en el juego de convertirse en superhéroe una forma de darle sentido a su nueva posición. En esa aventura lo acompaña Kato (Jay Chou), un empleado de confianza de su padre cuya habilidad e inteligencia terminan siendo fundamentales para sostener una cruzada que oscila entre la fantasía y la realidad.
La película se inscribe en una tradición reciente de producciones construidas alrededor de la personalidad de sus protagonistas. Como ocurría en Los viajes de Gulliver con Jack Black, aquí buena parte del relato está diseñada para potenciar el registro cómico de Seth Rogen, quien además participa como guionista y coproductor. El problema es que esa decisión termina relegando otros aspectos del film, especialmente aquellos vinculados al universo visual que suele distinguir la obra de Gondry.
Si bien aparecen algunas secuencias donde asoma la inventiva formal del director, predominan las convenciones del cine de superhéroes y de acción cómica. La narración recurre a figuras reconocibles —el héroe inmaduro que encuentra su propósito, las traiciones previsibles y los giros esperados— sin aportar demasiadas variaciones sobre esos modelos. Cameron Diaz y Christoph Waltz cumplen con solvencia sus respectivos roles, aunque sus personajes quedan limitados por un guion que rara vez les permite escapar de los estereotipos.
Eso no convierte a El Avispón Verde en una mala película. Por el contrario, el relato mantiene un ritmo ágil, los diálogos encuentran momentos de eficacia y la relación entre Britt y Kato sostiene gran parte del interés. Sin embargo, la sensación final es la de una obra que opta por el camino más seguro cuando tenía los recursos para explorar alternativas más personales. La versión en 3D tampoco aporta elementos significativos, aunque los créditos finales ofrecen uno de los pocos destellos visuales que recuerdan la presencia de Gondry detrás de cámara.