Festival de Cannes 2026
Crítica de “La vie d’une femme”: Charline Bourgeois-Tacquet y el amor como cirugía emocional
Charline Bourgeois-Tacquet transforma el retrato sobrio de una prestigiosa cirujana en una intensa exploración sobre el deseo, la identidad y la posibilidad de reinventarse cuando el amor irrumpe de manera inesperada.
La primera película de Charline Bourgeois-Tacquet, Les amours d’Anaïs, estrenada en la Semana de la Crítica de 2021, partía de un guion o una estructura narrativa cuyos vaivenes eran también los de su personaje protagonista (Anaïs Demoustier): sus amores caprichosos que tanto le llevaban hasta un hombre que bien podría ser su padre como a terminar enamorándose de su misma mujer. La vie d’une femme (los títulos no son la prioridad de Bourgeois-Tacquet) es su segunda realización y se ha presentado en la competición del Festival de Cannes. A priori parece una película muy distinta, empezando por una estructura en diez capítulos que se diría, en su rigidez (capítulos numerados y titulados), lo opuesto a su opera prima.
De nuevo es un personaje femenino el que centra la historia, en este caso Gabrielle (Léa Drucker), una reputada cirujana maxilofacial especializada en la reconstrucción de rostros heridos por los efectos de accidentes, enfermedades o guerras (la de Ucrania y su colaboración con una ONG es un telón de fondo que nunca abandona ese segundo plano). Como el personaje, una mujer que ha optado por no tener hijos para centrarse en su vida profesional, la estructura de la película se rige por unos principios de seriedad que, en un primer momento, remite a ese subgénero del cine francés de las películas sobre instituciones pública y su funcionamiento. Vemos a Gabrielle operando o en sus labores de coordinación de su unidad, la estrecha relación de amistad que ha establecido con alguno de sus colegas, hasta que poco a poco su vida personal va contaminando la historia (el Alzheimer que le diagnostican a su madre) sin que nada parezca afectar o condicionar una vida perfectamente planificada, ni siquiera la frialdad y formalidad de su matrimonio.
Hasta que hace acto de presencia Frida (Mélanie Thierry), una escritora (como el personaje que interpretaba Valeria Bruni Tedeschi en la primera película de Bourgeois-Tacquet) que se está documentando para una nueva novela. De nuevo, el inicio de esta relación es estrictamente profesional, hasta que todo da un giro en un capítulo extraordinario titulado “No”. En ese momento la vida de Gabrielle da un vuelco y La vie d’une femme dinamita la rigidez de su estructura. Frida la ha llevado a un espectáculo de danza, circunstancia que aprovecha para declararle que se siente atraída por ella. La confusión y turbación de Gabrielle es evidente, pero en un primer momento se deja llevar, sus manos se tocan y pronto se entrelazan. Frida le pregunta si la puede besar, pero ese es un punto hasta el que Gabrielle no puede o no se atreve a llegar (el No del capítulo). Habrá una segunda oportunidad, por supuesto, un capítulo que se desarrolla en un refugio de los Alpes y que responde al título de “Encore”. Gabrielle se libera por fin y con ella la película alcanza nuevas cotas. A esas alturas, Bourgeois-Tacquet nos ha ido conduciendo por un itinerario impensable, el de una mujer a la que el amor inesperado le hace cuestionarse toda su vida.