Documental de la sección Familias en el BAFICI

Darío Doria habla de "La Espera", documental sobre la adopción en el BAFICI

En este documental, Doria aborda con sensibilidad el universo psicológico de niños y niñas que aguardan en hogares su adopción. La película propone una mirada profunda sobre la espera, la incertidumbre y las emociones que atraviesan estas infancias.

Darío Doria habla de "La Espera", documental sobre la adopción en el BAFICI
miércoles 22 de abril de 2026

¿Cómo surgió la idea de retratar una realidad en la Argentina poco visibilizada por los medios?
La idea nació hace muchos años, a partir de una nota que leí en un diario titulada “Una vez casi me adoptan”. Allí, un joven relataba que, cuando tenía siete u ocho años, fue llevado a una familia que lo devolvió al hogar tras una semana. Recuerdo haber quedado impactado: ¿cómo se construye la identidad de una persona atravesando algo así a tan corta edad? Esa impresión quedó latente durante años, hasta que, junto con Flor —la guionista—, decidimos comenzar a investigar. A ambos nos interesaba la temática, y así empezamos a darle forma al proyecto. Como partíamos de un desconocimiento total, el proceso de aprendizaje se dio en paralelo a la realización de la película.

¿Cómo fue el proceso de investigación?
Fue un proceso gradual. Comenzamos leyendo y, luego, estableciendo contacto con personas que trabajan con estos chicos o conocen su realidad. Cada entrevistado nos llevaba a otro, y así fuimos construyendo una red de voces. Se trata de una problemática compleja, con múltiples dimensiones —sociales, legales—, por lo que buscamos que cada persona aportara una mirada particular. De ese modo, fuimos armando un panorama más amplio.

 ¿Qué aspecto te interesaba explorar especialmente?
Me interesaba comprender qué le ocurre a un niño cuando su familia biológica no puede cuidarlo y el Estado interviene. Aunque se trate de una medida de protección, también es un acto profundamente violento. Quería entender cómo viven y sienten estos niños, cómo atraviesan situaciones tan difíciles y qué implica ese tiempo de espera hasta que se les restituye el derecho a vivir en una familia.

¿Cómo surgió la decisión estética de utilizar imágenes de los hogares con testimonios en off?Teníamos claro que el corazón de la historia eran los niños. Sin embargo, no queríamos ni podíamos entrevistarlos, tanto por una cuestión ética como para evitar exponerlos. Por eso, optamos por entrevistar a adultos, aunque ellos no son los protagonistas. Decidimos que sus voces aparecieran en off, sin mostrar sus rostros. A partir de esos testimonios, buscamos espacios vinculados a cada relato, de modo que la historia resonara en esos lugares. La idea era que el espectador uniera lo que escucha con lo que ve.

¿Buscabas generar emoción en el público o visibilizar la problemática?
No se trató de buscar deliberadamente la emoción. Sin embargo, durante las entrevistas, nosotros mismos nos conmovimos profundamente, incluso en relatos que no eran necesariamente tristes. Entendimos que, si la película lograba transmitir lo que sentimos, el público también se emocionaría. No se trataba de forzar la lágrima, sino de compartir esas emociones. Creo que las personas aprendemos y recordamos más cuando algo nos conmueve, sea alegría o tristeza. En ese sentido, la emoción es el núcleo de La Espera.

¿Qué buscás transmitir a la audiencia?
Existe una mirada muy romantizada y adultocéntrica sobre la adopción, centrada en quienes desean adoptar y en las dificultades del proceso. Nosotros quisimos corrernos de ese enfoque y mostrar que quienes verdaderamente esperan son los niños. Los adultos no tienen derechos vulnerados; ellos sí. También buscamos visibilizar que, a pesar de su corta edad, muchos de estos chicos han atravesado experiencias muy duras. Por eso, quienes deseen adoptar deben prepararse profundamente: no es un proceso sencillo.

¿Cómo trabajaste el aspecto introspectivo de la película?
Ese aspecto está ligado al tratamiento de la voz y el sonido, que aparecen disociados de la imagen. Esto obliga al espectador a establecer conexiones entre lo que ve y lo que escucha. La ausencia de testimonios a cámara genera un espacio de introspección: invita a escuchar con atención, a imaginar, a involucrarse activamente. No quisimos dar todo resuelto, sino proponer una experiencia en la que el espectador complete el sentido, uniendo las imágenes con las voces.
 

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