Salas
Crítica de “Instinto implacable”: Milla Jovovich en un rescate ultraviolento
La película, coproducción entre Estados Unidos y Corea del Sur, es un potente thriller de acción.
Instinto implacable (Protector, 2025) se inscribe dentro del clásico relato de acción y rescate, al mejor estilo Búsqueda implacable (Taken, 2010): una carrera contra el tiempo donde, detrás del secuestro de la hija de la protagonista, se esconde una red de trata.
Nikki (Milla Jovovich) es una marine que sacrifica tiempo con su familia para cumplir servicio en combate. A su regreso, y tras la muerte de su esposo, intenta recomponer el vínculo con su hija adolescente, Chloe (Isabel Myers). Pero una noche la joven es capturada por una red de trata, y Nikki entiende que solo cuenta con 72 horas para rescatarla antes de que la trasladen y desaparezca sin dejar rastro.
A partir de allí, Nikki inicia un tour de forcé por antros y escondites criminales, enfrentándose a traficantes de personas de la peor calaña. En su camino comienza a acumular cadáveres, lo que inevitablemente atrae la atención de la policía, que pronto también empieza a perseguirla. En medio de esa cacería aparece un Coronel del ejército (Matthew Modine) que la conoce de sus años de combate: una figura que recuerda, inevitablemente, al Coronel Trauman en relación con John Rambo.
Dirigida por Adrian Grunberg —responsable de las flojas Vacaciones explosivas (Get the Gringo, 2012) con Mel Gibson y Rambo 5: Last Blood (2019)— la película funciona como un thriller de acción directo y físico, de esos que sostienen su eficacia en la intensidad y en una violencia que opera como catarsis para su protagonista. En ese sentido, hay que reconocer el peso de los productores coreanos Kenneth Kim, Bang-Ok Joo y Bong-Seob Mun, y también del guionista Bong-Seob Mun. Sus aportes se sienten decisivos para que el dispositivo narrativo funcione.
Pero uno de los mayores aciertos es la entrega física y dramática de Milla Jovovich. La actriz sostiene la película con una presencia corporal muy marcada, plenamente volcada a las escenas de combate y persecución, donde vuelve a demostrar su dominio del cine de acción. Algo que también se percibe en la construcción de su personaje: una madre atravesada por la culpa y el duelo, cuya violencia funciona menos como espectáculo que como una forma desesperada de reparación.
Instinto implacable es una sólida producción dentro del género: tensa, cargada de violencia justificada por el trauma y sostenida por secuencias de acción funcionales, bien diseñadas y administradas con efectivas dosis de adrenalina que no dan respiro. Solo la vuelta de tuerca final se percibe algo desatinada, como si la película decidiera complicar innecesariamente un mecanismo que hasta ese momento funcionaba con precisión.