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Crítica de "El sabor de la noche"" sufriendo por amor con Norah Jones

La versión hablada en inglés de Wong Kar Wai es un ejemplo de alguien fiel a su estilo, que por más que cambie su lengua de origen no cambiará el  lenguaje con el que se expresa audiovisualmente.

Crítica de "El sabor de la noche"" sufriendo por amor con Norah Jones
lunes 02 de febrero de 2026

Wong Kar Wai narra historias de gente que sufre (en serio) por amor. Todo su universo temático ronda en función de ello, podrá cambiar actores nipones por Jude Law o Natalie Portman o incluso hacer debutar en su papel protagónico a la cantante Norah Jones, pero sus historias y su manera de contarlas no dejan de ser tan audiovisualmente atractivas que  uno no puede despegarse de ellas un segundo.  Elizabeth es abandonada por su novio y va a ahogar las penas a un bar cuyo dueño es Jeremy (Jude Law). Charlan y hacen amistad pero un día ella desaparece y se va trabajar a otro bar donde conoce a Arnie (David Strathairn)y a Sue Lynne (Rachel Weisz). Ahora Elizabeth será la que escuche penas ajenas.

La historia parece tener un espacio definido: los bares nocturnos (si pensamos en su filmografía hay cierta similitud con Chunking Express); pero en determinado momento en donde comienza la historia de Leslie (Natalie Portman) la película toma un giro de Road Movie con espacios al aire libre. Y, como en toda Road Movie, el personaje busca su identidad.

Estéticamente y en materia de elección de planos y uso de la fotografía, Wong Kar Wai (como viene confirmando película tras película) es el mas virtuoso y creativo de los realizadores contemporáneos. Él se anima a poner la cámara donde nadie lo hace, una conversación mostrada a través de una vidriera o una pelea por una cámara de vigilancia fuera de foco, además de los aceleramientos de imagen que ya parecen ser una marca distintiva del director.

Otro elemento es el tiempo, o mejor dicho, el paso del tiempo. Ya conocíamos los planos de relojes en sus films, pero en El sabor de la noche (My Blueberry Nights, 2007) se agregan planos de trenes en movimiento tomados de todas los ángulos posibles en la noche neoyorkina. Aparte la temporalidad es también retratada creativamente sin perder nunca noción del espacio y el tiempo presente.

Lo cierto es que éste realizador, productor de placer estético, nos hace seguirle sus pasos sin importar el país al que vaya o la nacionalidad de los actores que utilice. Como dice el personaje de Jude Law: “estaremos siempre ahí, esperando”.

8.0
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