HBO Max
Crítica de "Escuadrón Suicida": Villanía Dietética
Si "Escuadrón Suicida" (Suicide Squad, 2016) tuviera aunque sea un poco de la personalidad que la campaña publicitaria ha estado ostentando desde que se “filtró” el primero de sus incontables avances sería una película, si no muy buena, satisfactoria. Qué decepción que luego de tanto alarde de anarquía e irreverencia el film se resuma de una manera tan hirientemente mediocre.
Con una premisa que prometía subvertir el cine de superhéroes, Escuadrón Suicida diluye su potencial en una narración desordenada que termina replicando las mismas fórmulas que decía cuestionar.
El chiste inicial de Escuadrón Suicida es claro: los protagonistas son un equipo de villanos —“lo peor de lo peor”— reclutados por el gobierno de Estados Unidos como plan de contingencia ante una posible rebelión de superhéroes como Superman. La idea del “poder de denegación” funciona como punto de partida y, durante el primer tramo, la película parece entender el juego. La presentación de los integrantes del escuadrón avanza a ritmo acelerado, acompañada por una playlist de hits reconocibles que subraya el tono canchero del dispositivo.
Aparecen Deadshot (Will Smith), asesino a sueldo infalible; Harley Quinn (Margot Robbie), pareja inestable del Guasón; El Diablo (Jay Hernandez), capaz de invocar fuego; el Capitán Bumerang de Jai Courtney y Killer Croc, interpretado por Adewale Akinnuoye-Agbaje. El grupo es conducido por Rick Flag (Joel Kinnaman), acompañado por Katana (Karen Fukuhara).
El elenco es amplio y, a la vez, excesivo. Smith y Robbie concentran el interés: retoman una química ya vista en Focus, con un Deadshot que no se aleja demasiado de la figura pública del actor y una Harley Quinn que domina cada escena en la que aparece. El Guasón de Jared Leto, en cambio, queda reducido a una presencia marginal, con un peso narrativo tan bajo que cualquier comparación con versiones previas del personaje resulta innecesaria.
El problema surge en el segundo acto, cuando la película pierde impulso y revela su indefinición. El conflicto central aparece de manera forzada: una ciudad genérica se transforma en zona de catástrofe por obra de Enchantress (Cara Delevingne), y el escuadrón debe enfrentar una amenaza indistinta que incluye criaturas intercambiables y el clásico rayo de energía apuntando al cielo. A partir de allí, la acción no se diferencia de la de cualquier otra película de DC o Marvel, lo que deja flotando una pregunta clave: ¿qué cambia realmente porque sean villanos?
La película no logra responderla. El espectáculo avanza de forma mecánica, saturando el metraje con enfrentamientos que una estructura más clara habría concentrado hacia el final. Algunas escenas de interacción entre personajes asoman como destellos aislados, pero el conjunto desaprovecha tanto a su elenco como a su punto de partida. Escuadrón Suicida no resulta ofensiva ni escandalosa: su problema es más simple y más visible. Fracasa, plano a plano, en convertirse en la película que anuncia desde su premisa.