La pantalla pampeana se encendió otra vez

Comenzó el 9º Festival de Cine de General Pico con récord de producciones locales y mirada internacional

La apertura reunió a la comunidad y a figuras del cine nacional en el Cine Teatro Pico. Con más de 350 películas inscriptas y una programación que combina estrenos, rescates patrimoniales y talleres, el evento consolida su papel como plataforma para el cine pampeano y espacio de formación.

Comenzó el 9º Festival de Cine de General Pico con récord de producciones locales y mirada internacional
viernes 08 de agosto de 2025

Por momentos, el aire fresco del invierno pampeano no parecía alcanzar a templar la calidez del hall del Cine Teatro Pico, donde el murmullo de voces, abrazos y saludos entre vecinos e invitados especiales daba la pauta de que algo más que una inauguración se estaba gestando. 

A las 20 horas, cuando las luces bajaron y la música de la piquense Romina Pechín -junto a Esteparia, nombre de batalla de Solana Lanchares Vidart- comenzó a sonar, quedó claro que la novena edición del Festival de Cine de General Pico no es un evento más, sino un manifiesto en imágenes sobre lo que puede el cine cuando se teje desde lo local.

El Festival, que organiza la Asociación Italiana XX de Septiembre -dueña además de dos salas en la ciudad- ha ido forjando en estos nueve años algo más que “una programación hermosa” (como lo definió su productora Sonia Ziliotto). Ha construido un espacio donde el cine pampeano, esa escena aún frágil, sin escuelas ni centros de formación audiovisual, puede mirarse y ser mirada.

"Tenemos 14 realizadores en la Muestra Pampeana", dice Ana Contreras a EscribiendoCine, programadora y directora artística del evento, con una mezcla de orgullo y urgencia. 

“Los festivales, depende de qué rol toque asumir, son lugares de construcción de autores, de entretenimiento, de consagración, de venta, de formación de audiencias, de conformación de patrimonio inmaterial, pero también, y más resonante para, es que son espacios formativos y afectivos”, expresa Contreras.

Porque aquí, donde no hay industria ni tradición cinematográfica consolidada, cada corto, cada documental, cada ficción que se filma y se muestra es también una toma de posición: una defensa del derecho a contar desde el interior. Y, quizás más importante aún, del derecho a que los que viven aquí también puedan verse reflejados en la pantalla grande.

“Lo que buscamos es que los que vienen vean que hay cine pampeano -explica Contreras-, pero también que los de acá se encuentren con quienes han tramado una vida en torno al cine. Que no quede esa idea paternalista de que el interior solo se ve a sí mismo”. 

La clave, entonces, está en ese doble movimiento: abrir el juego y reforzar la identidad. Por eso, los talleres que dictan invitados nacionales e internacionales no son ornamento, sino parte del corazón del proyecto.

Este año se inscribieron más de 350 películas, cifra que impresiona no sólo por su volumen, sino por lo que implica: un trabajo riguroso de curaduría y, a la vez, la consolidación de un festival que funciona como plataforma de exhibición y estímulo. 

“En esta edición se batió un récord de cortos regionales y provinciales”, anunció la presentadora Gabriela Radice, encargada -una vez más- de ponerle voz y emoción a la apertura del Festival. 

Por primera vez, esa sección específica, la de realizaciones pampeanas, contará con un premio otorgado por la Legislatura de La Pampa. Otro paso firme hacia la institucionalización de un espacio que, a fuerza de convicción, ya es fundamental en el mapa nacional.

La noche inaugural cerró con Filippini, el film de Sebastián Ayerra que escarba en los archivos del mítico fotógrafo y cineasta piquense del mismo nombre. Una película que no sólo rescata materiales valiosísimos -soportes de nitrato, inflamables y rarísimos- sino que propone una lectura íntima sobre el vínculo entre memoria y cine. La intervención musical en vivo fue, más que acompañamiento, una segunda capa narrativa: guitarras, efectos, voces y percusiones reinterpretaron el legado fílmico desde una clave contemporánea y experimental.

“Esta 9º edición del festival no ocurre en un vacío, antes bien es una vindicación de una puesta en común de las distancias y de las experiencias colectivas sobre las que nos paramos y que nos preceden, porque a veces sublevarse no es el corte abrupto con la tradición sino encontrar nuevas maneras de inscribirnos en ella”, concluye la programadora del Festival.

Así empezó el noveno Festival de Cine de General Pico. Con cine en todas sus formas: de autor, de género, regional, infantil, internacional, de rescate y de frontera. Con películas francesas, italianas y taiwanesas. Con Flow para los más chicos. Con cine de terror para los más valientes. Con talleres de primer nivel. Con jurados de lujo. Con pantallas encendidas. Pero, sobre todo, con la certeza de que en esta provincia sin escuela de cine, hay cine. Y hay cineastas. Y hay público.

La pantalla pampeana está viva: se mira y se hace ver.

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