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Crítica de "Kontinental ’25": El cine de Radu Jude que incomoda y reflexiona
El cineasta rumano, ganador del Oso de Oro, vuelve con "Kontinental ’25", una sátira sobre la crisis de la vivienda y el nacionalismo en Rumania. Con su estilo provocador, combina drama y humor para exponer las contradicciones de la sociedad.
La historia de Radu Jude y su cine se encuentra vinculada sin dudas al Festival Internacional de Cine de Berlín. Su primer largometraje, The happiest girl in the world, se proyectó en la sección Forum y en todo el mundo se comenzó a prestar atención a su particular mirada. Ganó el Oso de Plata al Mejor Director con Aferim! en la Berlinale de 2015. Sus películas Uppercase Print y The Exit of the Trains se estrenaron en Forum. En 2021, ganó el Oso de Oro con Sexo desafortunado o porno loco y fue miembro del Jurado Internacional de la Berlinale en 2023.
En nuestro país hemos podido seguir su rica y extensa filmografía sobre todo por su programación por parte del Festival Internacional de Cine de Mar del Plata. Sexo desafortunado o porno loco y No esperes demasiado del fin del mundo (premier en el festival de Locarno), sí fueron estrenadas comercialmente en Argentina. Y se trata de dos verdaderas horas maestras. Quizás esto último haya generado demasiadas expectativas (y la consiguiente módica decepción) por parte de quienes esperaban que no hubiera dos sin tres. La crítica en general tomó a la película presentada este año como una “obra menor”. Pero entendemos que eso es tan superficial como injusto.
En Kontinental ’25 (2025) la acción transcurre en Cluj, Transilvania. En el comienzo nos encontramos con Ion (Gabriel Spahiu), un hombre sin hogar que deambula por la ciudad cartoneando, pidiendo algún tipo de ayuda para sobrevivir. Siempre de mal humor, puteando sin parar, en su camino se cruzan los dinosaurios que pueblan un parque (animatronics), lo que nos lleva a un universo surreal y anárquico (tan afín al del realizador). Ocupa un sótano donde vive, pero ese edificio va a ser tirado abajo para hacer un hotel boutique. En el procedimiento de desalojo por el que se lo intenta expulsar del sótano, se suicida ahorcándose con un alambre que ata a la calefacción. Orsolya (Eszter Tompa), la asistente social (de origen húngaro) que llevó a cabo el desalojo, no puede superar la culpa que siente (pese a que, se repite y le repiten, legalmente no posee responsabilidad alguna). Como siempre en el cine de Jude, drama y comedia, sátira y compromiso político se entrelazan para diseccionar, en este caso, temas tan diversos como la crisis de la vivienda, la economía post-socialista, el nacionalismo y el poder del lenguaje para mantener el estatus social- Además, la deriva funciona en parte como un homenaje a Europa '51 de Rossellini.
Rodada con Iphone 16, sin dudas estamos ante una producción modesta, independiente, de bajo presupuesto. Eso habla del dinero, no de los méritos de la película. Por el contrario, se trata de esas a las que vale la pena proteger y prestar atención, tal como destacó el realizador al recibir el Oso de Plata al mejor guion. Con filo e ironía, Jude pone en evidencia la hipocresía occidental mientras acompaña a la protagonista en busca de algo de solaz frente al insoportable sentimiento de culpa que la atraviesa. Episódica, asistimos a los sucesivos intentos de refugio o escape (absolutamente genial el re-encuentro con un brillante ex alumno que ahora vive trabajando haciendo delivery en bicicleta). No hay salidas fáciles, así como tampoco personajes absolutamente claros o esclarecidos. Todos hacen lo que pueden. Todos tienen sus elementos oscuros. La mirada sobre la sociedad contemporánea es tan precisa como incómoda; no podemos quedar inmunes frente al malestar de la protagonista, que es (también) el nuestro.