El arte de la provocación: Entre sexo y destellos de cocaína

Love

El cineasta argentino afincado en Francia Gaspar Noé regresa al cine haciendo lo que más le gusta: provocar al espectador con imágenes, en este caso, de pornografía explicita, para narrar el derrotero amoroso de una joven pareja en tour de force sexual.

Love
sábado 28 de noviembre de 2015
Más de dos horas y pico dura esta fábula adolescente pornográfica más cool que chocante. La verdadera sorpresa es que a fin de cuentas Love (2015) es la obra menos provocadora del realizador, también la menos conceptual. Gaspar Noé acumula las torpezas de escritura (a menos que los diálogossean una especie de homenaje incomprendido al género X), técnicas y de sonido. En lo que respecta al elenco, los intérpretes hacen su trabajo. Es decir que se desnudan y se ponen literalmente manos a la obra.¿Se puede al menos hablar de placer visual, cuando la historia gira en torno al sufrimiento de un hombre que rememora y lamenta un amor perdido por su propia culpa desde la edad adulta? Quizás. El sexo está efectivamente filmado sin falsos pudores pero sin primeros planos de penetraciones tampoco. La puesta en escena y los planos estetizantes de Benoît Debie distan mucho del cine pornográfico habitual. En consecuencia, a muchos les parecerá menos vulgar... Quizás. También podríamos suponer que la película simplemente no se dirige al mismo mercado. El sexo es ciertamente bello pero resulta repetitivo. Se hace un especial hincapié en la erección masculina y Love no compromete su carga erótica ni toma riesgo alguno: cuerpos perfectos, tríos a pedir de boca y vecinas sedientas de sexo desde la segunda frase. Las escenas más diferentes, como el encuentro con un transexual, sirven un propósito humorístico. La fábrica de fantasías no cierra nunca pero desgraciadamente tampoco progresa. ¿Y qué hay del amor? Después de todo es el verdadero tema del filme y también es el sentimiento que suscita en su director una pasión por el cine que ha elegido hacer a su manera. Gaspar Noé es ante todo autor.Nos quedaríamos cortos diciendo que la emoción que debe sublimar esta historia no se dará en todo el mundo. Muchos no llegarán a ceder a la inocencia del ejercicio para dejarse ir con la misma nostalgia existencial que la que experimenta el personaje principal. Y sin embargo la misión era posible, tal como demostró la conmovedora hazaña de de John Cameron Mitchell, Shortbus (2007) y Love cuentan con dos dispositivos a priori similares: provocación húmeda, jóvenes actores desconocidos, sexo desenfrenado desde la primera escena, música omnipresente, humor, esperma y una apuesta por las lágrimas que para los espectadores de Love se salda con un fluido menos que secar cuando acaba la proyección.
6.0
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