Festival de Cannes 2026
Valentina Maurel: “Hay que aceptar personajes femeninos contradictorios y desagradables”
A cuatro años de Tengo sueños eléctricos (2022), la cineasta costarricense Valentina Maurel regresa al Festival de Cannes para presentar Soy tu animal materno (2026) en la sección Un Certain Regard. La película retoma algunas zonas presentes en su obra anterior: relaciones familiares atravesadas por tensiones, personajes en estado de vulnerabilidad y una mirada sobre el deseo, la memoria y las contradicciones dentro de una familia.
Antes de la première mundial, Maurel habló sobre la continuidad temática entre sus películas, la influencia autobiográfica en los personajes y el modo en que los sueños funcionan como punto de partida para su escritura.
Repetís una historia sobre relaciones familiares, repetís con dos de los actores protagonistas que vuelven a hacer de padre e hija, los animales domésticos vuelven a formar parte de la trama... ¿Estamos ante una secuela o segunda entrega de una saga?
Son personajes diferentes, no es una secuela directamente, pero sí tiene muchas relaciones con la primera película y tendrá probablemente muchas relaciones con la futura, porque yo me doy cuenta que en mis películas las escribo de lo que surgió de la escritura de la anterior, de las cosas que me frustraron, que no pude abordar, o de los otros intereses que me generó, de las relaciones que construí aquí con los actores. Me disfruté tanto trabajar con ellos, que pensé, ¿por qué no volver a trabajar de nuevo con ellos en esta película? Y ya no me dio miedo que la gente pensara inmediatamente en una secuela, porque los actores lo que hacen es cambiar de... Bueno, eso, interpretar papeles muy distintos. Fue el caso con estos actores, porque hice otra película con ellos que todavía no está terminada, el año pasado, en la que Daniela Marín interpreta a un personaje muy diferente, entonces me di cuenta de que es capaz de interpretar cosas muy distintas. Mi relación con ellos seguirá, creo, dando sus frutos en el futuro, pienso. La verdad, creo que voy a hacer siempre películas que se parecen un poco las unas a las otras. Yo creo que se siente bien, se siente coherente, no lo premedito tanto. A veces me da miedo porque digo: voy a tener que interesarme un poco en otras cosas en algún momento, pero no, le soy fiel a mis temas y me interesan las dinámicas de familia, y en una familia siempre hay algún animal que anda por ahí y que es como testigo de todas las tensiones y la forma sorprendente que la vida da sus giros, ¿no? Así que creo que lo que le da continuidad a una familia a veces es la mascota. Entonces creo que siempre pensaré en el lugar de la mascota en una familia. Pero bueno, por supuesto también en el lugar de los seres más vulnerables en una familia, que son a veces los hermanos, las hermanas menores, los niños...
En Soy tu animal materno tenés cuatro personajes principales, un padre y una madre separados, y dos hijas jóvenes, y me da la sensación de que todos son un poco vulnerables, ¿no?
Así es, así es. Yo desde mi película anterior ya pensaba en lo frágil que es también el adulto, ¿no? Como que es una palabra que para mí evoca una cosa como teórica, ¿no? Como que ser adulto no significa nada. Creo que aquí también tengo adultos que están como persiguiendo, intentando recuperar un poco su juventud, y que quieren quitarse la palabra adulto de encima como se quita un traje. O en todo caso, que quieren dejar un poquito de lado su rol paternal o maternal para poder recuperar algo de sus vidas que sienten que dejaron de lado. Así de ridícula puede ser una palabra como padre, madre, adulto.
Otro elemento común de los personajes es que todos viven una situación de nostalgia por un pasado perdido...
Sí, o sea, el punto de partida de la película en un momento fue hablar de cómo es una familia que es el fruto de un gran amor, aparente o real, que está escrito en un puñado de poemas que fueron escritos por la madre en su juventud. Y entonces, el punto de partida es que se los van a republicar. Esos poemas hablan de amor, también de una atracción erótica muy fuerte entre los seres. Eso pesa un poco sobre todos los miembros de esta familia que fueron fruto de este amor, pero que ya no existe, que lo que queda es una cosa un poco desencantada, deshecha, ¿verdad? Ese era un poquito el punto de partida. Entonces, claro, hay una nostalgia, pero también yo quería hablar también de lo que es regresar al país del que uno viene. Intento siempre rebelarme un poco contra la nostalgia, ¿verdad? Que es como una deformación del recuerdo que idealiza, que deforma también.
Hay tres personajes femeninos importantes en la película. ¿Podríamos decir que el que más se parece a Valentina Maurel es el de Elsa, la hermana mayor que ha estado estudiando en Europa?
Sí, sí, se puede decir eso. Es decir, ella es la que tiene más elementos como de mi vida, porque yo me fui a estudiar también a Bélgica. También fue… no complicado, pero fue interesante. Es enfrentarse a lo que se vuelve de pronto la historia de una, cuando salió de ella durante unos años, ¿no? Volver y ver: ah, esta es mi familia, esta es mi historia, esta es la realidad del país del que vengo, que es como disfuncional, todo es un poco más caótico. Pero también el personaje de la madre tiene elementos míos, pues hay muchas cosas que dialogan con lo que es mi vida. Empecé a escribir esta película justo después de haber tenido a mi hija, que tiene dos años, preguntándome cómo iba a lograr yo ser directora y a la vez mamá, cómo sostener lo difícil que es sostener una vida de una obra, ¿verdad? Y escribí este personaje pensando en cómo la puede juzgar un espectador, la sociedad, cómo puede considerar de pronto que es un ser egoísta y cómo quizás ser artista es un poco ser egoísta también en cierta medida, o sea, cómo abordar todos estos temas. La película no es totalmente autobiográfica y los personajes siempre se me parecen un poquito todos en ciertos detalles.
¿Cuál fue la chispa para ponerte a escribir el guion?
Cuando empiezo a escribir siempre me gusta partir de sueños, robo sueños a gente que conozco, o son sueños que tuve yo, y empiezo a escribir las escenas en relación a eso, y entonces no te diré cuáles, pero hay un par que son míos ahí, y sí, me gustan en todo caso.
¿Son sueños premonitorios como los de la hermana más joven en la película?
Esos no son míos en particular, pero me ha pasado en la vida que haya gente alrededor que tenga sueños premonitorios. Yo soy muy atea, muy racional, siempre creo que es una cuestión casi estética o filosófica, siempre me he rehusado a creer en esas cosas, pero también he tenido que rendirme a la evidencia. Tengo gente cerca que tiene sueños premonitorios, y me parece que eso es una dimensión también muy linda de la vida, muy poética, que te pone frente a tus propias, a los límites de tu forma de pensar el mundo. Mis sueños no son premonitorios, pero sí hay sueños que son recurrentes en mi vida, como ahogarse en el agua, soñar una ciudad, soñar esta película... En el caso de Soy tu animal materno, es el fruto de un sueño que tuvo mi compañero, que soñó que yo iba a hacer una película sobre su madre y sus dos hijas, y bueno, pues muy bien, por eso me puse a escribir.
¿Y por qué ese título?
Reconozco que Soy tu animal materno es un título raro, pero lo escogí sin querer. Es el verso de un poema que me gustaba. Hablando de mi primera película, los periodistas me preguntaban si tenía algún otro proyecto, y yo no tenía nada. Lo único que tenía era ese título, entonces lo empecé a dar, y después escribí la película con ese título, y quise cambiarlo muchas veces y no lo logré. El título se quedó.
¿Y el sueño en qué momento llegó?
El sueño fue la primera escena que escribí, es una escena entre las dos hermanas que están en una soda, y la hermana menor cuenta que la vienen a ver espíritus en sueños. Y eso fue la primera escena que escribí. Creo que tiene que ver con la relación al deseo que tienen las niñas de la familia, viniendo de una historia de amor muy fuerte entre... Bueno, digamos que es difícil para ellas vivir plenamente el amor o el deseo, viniendo de una historia de amor que salió mal, o que terminó mal, o de la que hay poemas incendiarios, hay vergüenza.
¿Pensás entonces que la situación de las hijas es consecuencia de la separación de los padres?
No realmente de la separación en sí, pero de… ¿cómo decirlo?, de la vergüenza que tiene la madre de haber escrito textos tan fuertes sobre ese amor del que ahora ya no piensa gran cosa, ¿verdad? Es como de esa pasión de juventud tan fuerte. Digamos que eso sí está inspirado un poquito en mi mamá, que es poeta, que es una poeta reconocida en América Latina, que escribió poesía erótica en los años 80. Eso, viniendo de un país pequeño como Costa Rica, era algo inusual y difícil de asumir. El personaje es muy distinto al de la película porque ella siguió escribiendo toda su vida poesía y tiene una relación muy feliz con la maternidad. Pero sí, yo recuerdo que ser hija de una mujer así en un país pequeño no era fácil. De ahí la temática del grafiti que vuelve de forma recurrente sobre la fachada de la casa, que siempre hay un vecino que escribe “Puta”. Esas son cosas que no están lejos de la realidad, de lo que fue ser hijas de una figura pública como mi mamá que se atrevió a hablar de deseo con libertad.
Los personajes son todos muy contradictorios, me da la sensación.
A mí me encanta que los personajes mientan, se contradigan, sean inestables, porque siento que así somos las personas siempre. Creo que somos seres tan inestables que en general lo que hacemos con la ficción es intentar escribir personajes que tienen un cierto tipo de estabilidad. Porque si realmente escribiéramos personajes que se parecen a la gente real, pues sería algo mucho más caótico. Yo intento ser fiel un poco a ese caos. Siento que también autorizo así al espectador a contradecirse también en su forma de aceptar a los personajes. Un personaje en una escena lo odiás, en la siguiente lo querés, y al final podés pensar lo que te dé la gana sobre el personaje. Pero no te estoy intentando forzar a una identificación fácil, que apele a la vanidad del espectador. En las películas se escriben personajes principales, sobre todo los personajes femeninos, que son idealizados, heroicos. Como si con la ficción estuviéramos intentando edulcorar al personaje femenino para que el espectador lo quiera, lo acepte. Yo creo que hay que aceptar a personajes difíciles, contradictorios, con defectos, desagradables. Precisamente para mí sí tiene una dimensión feminista escribir personajes femeninos que no son necesariamente heroicos y que no son necesariamente víctimas.
¿Qué te gustaría que sintiera la gente al ver tu película?
No tengo ningún mensaje claro que compartir, pero sí creo que el cine tiene el poder de hacerte sentir menos solo o sola, y creo que cuando yo descubrí el cine adolescente, eso fue lo que cambió mi vida. Vi películas que no entendía, pero que sentía que me hablaban a mí, que se dirigían a mí como persona específica. Sentía incluso que la única persona en la sala a quien se estaba dirigiendo la película era a mí, y eso me... Sí, me ayudó. Me ayudó a sentirme menos sola en el universo, y yo creo que eso es lo que me interesa cuando escribo mis personajes, como que alguien se sienta representado y que alguien también piense que este lugar del mundo tan específico, tan diferente, San José de Costa Rica en un país pequeño que se supone que no existe en el imaginario de nadie, se parece quizás un poquito al lugar del que vengo yo y tiene su derecho de existir. Eso es.
¿Creés que son muy diferentes el público de Cannes o de un festival europeo y el público costarricense?
En realidad a mí me sorprendió mucho la cantidad de gente que vio mi primera película en Costa Rica, y creo que mucha gente que estaba más acostumbrada al cine hollywoodense o al cine comercial tuvo la paciencia de ver mi película porque le gustó verse representada, le gustó ver las calles de San José, escuchar gente que habla con la musicalidad del acento costarricense, del acento josefino. En realidad a veces es suficiente para que la gente quiera ir al cine. Es nada más que si no sabe que este tipo de películas existen, pues no van a ir. Y yo pienso mucho en el espectador costarricense cuando escribo. Intento pensar solo en ese, porque si pienso en el espectador europeo, pues por supuesto, o norteamericano, siento como que tengo que explicar más cosas, ¿no? Como, por ejemplo, hablo un poco de la relación con Nicaragua en la película, pero si hubiese pensado más en el espectador europeo, pues quizás habría tenido que explicar más, y entonces ahí ya no estoy siendo fiel a lo que me interesa, que son los personajes nada más. Espero que esta peli la vayan a ver. Quizás ya es la segunda, entonces algunos me digan: bueno, ya me aburrí, no me diste el final, no me diste mensaje. Pero si algo van a disfrutar, o en todo caso les va a generar curiosidad en el espectador nacional, es el hecho de tener una película que no es exótica, que no miserabiliza, que no juega con estereotipos, pienso yo.