Presenta su quinta película en salas
Miguel Bou recorre una espiral de violencia en la pantalla grande a través de “Vrutos”
Tras haberse consagrado en la 25º edición del BAFICI (2024), esta semana, Vrutos (2025), dirigida por Miguel Bou, llega a la pantalla grande de diferentes salas cinematográficas de Argentina. El relato audiovisual comienza cuando Brian (Gregorio Barrios), luego de sentirse humillado por un grupo de rugbiers de elite liderado por Tomy (Lucas Tresca), se pelea con ellos y queda lastimado. Su padre (Dante Mastropierro) no interviene, ya que dejó en el pasado todo tipo de violencia. Brian sigue con su vida desprolija, robando y drogándose por el barrio. Y vuelve al club del conflicto, esta vez armado, dando continuidad y expansión a una peligrosa espiral de violencia.
La película podría asociarse con cierto neorrealismo callejero entre bonaerense y porteño… ¿en qué circunstancias surgió esta historia?
La realidad es que ya vengo haciendo ese tipo de cine, muy social, muy de barrio, que creo que nace de películas como Pizza, birra, faso (1998), y demás. Esta es mi quinta película. Ya vengo trabajando hace varias películas con Dante Mastropierro, el Negro Pablo de Okupas (2000). En Vrutos quería contar una historia violenta y, por otro lado, lo difícil que es criar un hijo en una sociedad que hoy en día tiene muchos rasgos violentos.
Respecto a las temáticas y problemáticas abordadas en el largometraje, según cómo se transiten pueden bordear la estigmatización o la estereotipación. ¿Qué cuestiones tenés en cuenta para no caer en esos aspectos?
Si noto que, en algún momento, estoy cayendo en algún estereotipo, o algo así, muy al borde, lo trato de corregir. La realidad es que me agarran ganas de filmar un tema, armo el guion y lo filmo, no pienso mucho más que eso. En Vrutos hice que las pandillas que se pelean sean malas, ambas, para equiparar, y que la gente pueda debatir. Si yo pongo un bueno y un malo, no hay debate. También trato de enfrentar clases sociales, entonces, algunos se ponen de un lado, otros del otro, depende de lo que cada uno vivió, o dónde se crió, me parece súper interesante. Siempre está todo muy al límite. En Vrutos, la gente de todas las clases sociales que la vio, me dice: "Siempre que sale mi hijo, o mi hija, yo estoy asustada/o". La gente se identifica.
Si bien hay muchos exteriores, se genera una sensación de encierro, tanto para los personajes como para los espectadores…
Yo me crié cerca y siempre tuve ganas de filmar ahí porque es un barrio visualmente hermoso, que genera encierro. En esta historia, el barrio funcionaba, y nos encanta cómo quedó. La realidad es que el barrio es súper tranquilo, iluminado, la gente re buena onda, nos trataron súper bien, pero en la cabeza de todo el mundo se ve como algo impactante, no es tan así. No tuvimos ningún problema de inseguridad ni de nada, pero, a lo que era la historia, que es una película de ficción, funcionaba.
En cuanto a la fotografía, es en blanco y negro, entre claros y oscuros, ¿qué te motivó a emplear estos contrastes desde la estética?
De antemano tenía ganas de filmar una película en blanco y negro. Cuando empecé a desarrollar este guion, me encantaba la idea, me junté con Fernando Rodríguez, que es el director de fotografía, y le planteé la propuesta. Me gusta ser respetuoso con todo el equipo y que estemos de acuerdo los dos. A él le encantó, hicimos scouting, sacamos fotos en blanco y negro, quedaba lindo visualmente, y para la historia cerraba por todos lados. Tratamos de prepararnos bien en la preproducción y tener todo charlado para que en el momento del rodaje saliera todo rápido.
El relato audiovisual plantea el concepto de la espiral de violencia, reflejado en situaciones explícitas y tácitas. ¿Cómo abordaste las diferentes capas?
De movida quería hacer una película sobre algo que he visto mucho de chico, cómo, por una boludez, que uno se mira mal con otro, y le pega, entonces, luego, el otro lo va a buscar, y termina uno muerto, o los dos presos. Me preguntaba: "¿Cómo pueden terminar todos presos, o muertos? ¡Me parece una locura!". Tenía ganas de contar eso, y hay violencia en varias partes de la película. No pienso tanto en capas, lo voy viendo, escena por escena, que todo funcione y tenga sentido.
Por último, “Vrutos” fue premiada en el BAFICI, ¿qué te representó este reconocimiento?
Respeto mucho al festival, creo que es de los mejores de Argentina, junto con Mar de Plata. Uno siempre recibe con alegría algún premio, por todo el trabajo que hace, no solo individual, también por los técnicos, toda la gente que nos ayuda, los actores. ¡Está buenísimo que todos sientan alegría de ganar un premio importante!