2024-10-14

Martes en Ítaca Complejo Teatral

Pedro Maurizi, Fernanda Provenzano y Brian Sichel ejecutan en escena los “Juegos de fábrica” de Nicolás Manasseri

Atravesar la puerta de la sala porteña Ítaca (Complejo Teatral) los martes por la noche implica cruzar los límites temporales y trasladarse a una fábrica abandonada de algún rincón del país a principios del siglo XX. De un lado del escenario hay butacas y espectadores curiosos por conocer el relato ficticio que allí se narrará, mientras que del otro lado hay andamios y escaleras, mesas y sillas, baldes y jaulas, luces y sombras, pero, particularmente, se hace presente un grupo de jóvenes listo para contar su historia, escrita y dirigida por Nicolás Manasseri, y titulada Juegos de fábrica.

La aparición de Fausto (Pedro Maurizi) en el galpón pone en jaque las estructuras que, hasta ese momento, sostenían el Reinado ficticio a cargo de Uno (Brian Sichel). Asimismo, surgen tensiones con, y entre, los demás integrantes del lugar, es decir, André (Fernanda Provenzano), Juana (Victoria Casserly), Segundo (Martina Zapico) y Raúl (Pilar Dantín).

Si bien en el imaginario popular la diversión pareciera ser la primera idea asociada al juego, en realidad, éste abarca muchos más aspectos. De hecho, puede reflejar deseos, conflictos, curiosidades y perversiones, puede representar relaciones de poder, puede construir identidad, puede ser un momento de evasión de la realidad, o de integración a la misma. Todas estas concepciones se abordan durante alrededor de una hora en la puesta escénica de Manasseri, donde cada escena funciona como una nueva gota en el llenado de un vaso a punto de rebalsar.

El líder artístico de la fábrica: Entrevista con Nicolás Manasseri

La obra se trata de una reversión de tu musical de hace una década, ¿qué te motivó a retomarlo en escena, pero con una nueva dinámica no musical?

Principalmente, porque sabíamos que ahí teníamos un material de texto muy interesante para trabajar, y queríamos darle los tiempos necesarios. El libro es casi el mismo que el de la versión musical, pero, al sacarle las canciones, creíamos que se iban a intensificar los conflictos y las relaciones. Así que, con nuestra productora Phepandu, después de trabajar mucho en teatro musical, considerábamos que éste era un buen material para entrar en el mundo del teatro de texto. A medida que lo fuimos retomando nos dimos cuenta de la actualidad del libro, por más de que se había escrito hacía 10 años.

¿A qué atribuís esa vigencia temporal?

A que es una obra que trabaja temáticas universales, que tienen que ver con la construcción de la identidad, del sujeto, de una sociedad, de las reglas, de la moralidad. Con el paso del tiempo muchas cosas parecen, de alguna forma, agarrarse de la tecnología para modernizarse, pero las dinámicas del juego, de poder, de la relación con el otro, y de la infancia o preadolescencia, si bien se ven modificadas un poco por toda esta modernización, son temáticas universales del ser humano, que se van repitiendo a lo largo de la historia.

A nivel personal, ¿qué te significa el juego?

Al dedicarme a la creación, a la dirección, a la actuación, son todos campos donde el juego debe aflorar como un hallazgo, como algo a encontrar. Para mí, es algo que va ligado con la vida misma. Mayormente encuentro ahí mi identidad, en ese lugar en el que uno puede jugar con las palabras, con los cuerpos, que aparezca la creación de algo nuevo que nos viene a interpelar como sociedad, como persona, espectador, actor, autor y director. Así que considero que el juego es una de las condiciones importantes para poder afrontar la vida, y seguirla como si nunca fuese a terminar, sabiendo que en algún momento eso sucederá.

Los jóvenes obreros artísticos de la fábrica: Entrevista con Pedro Maurizi, Fernanda Provenzano y Brian Sichel

¿Qué recursos les permiten ingresar al galpón y viajar en el tiempo en cada función?

Pedro Maurizi: Hay algo de la escenografía y el vestuario que ya presta mucho al juego. Uno tiene muchas herramientas. Con toda la propuesta es muy fácil entrar y permitirse jugar con todos los objetos, con el espacio, con las luces.

Brian Sichel: Hay algo del texto que invita al recorrido de la obra, de los problemas, de las referencias históricas, de lo que propone para que uno piense y reflexione.

Fernanda Provenzano: Además de cómo entrar a la fábrica, hay algo de entrar en estos nenes. En la obra somos tres actrices que hacemos de varón, ese es un trabajo súper importante. Entonces, ponerse el vestuario, empezar a recorrer el camino con la entradita en calor, o saltando un poco, ayuda a ir metiéndose en el cuerpo de esos niños. Después, hay algo en cuanto a la escenografía que nos invita a jugar, por ejemplo, los andamios, la doble altura, el treparse, bajar y tirarse al piso, todo eso permite ser un poco más infantes.

Partiendo de lo mencionado por Fernanda sobre la conversión de adultos en infantes, ¿cómo lo transitan ustedes, Pedro y Brian?

P.M: Cada uno de los integrantes tiene una infancia muy distinta y personal en comparación con la otra, es conectar mucho con lo que interpreta y, de alguna manera, simboliza cada personaje. En mi caso, Fausto es medio refunfón y utiliza un enojo y una rabia que en los niños es muy simple e inocente, y muy fácil de ver. A su vez, es tomar esa chinchudez como algo grave y profundo, desde ese lado me conecto yo.

B.S: Yo me sostengo bastante con mis compañeros, que hacen un trabajo muy conectado con el mío. También es establecer algunos paralelismos entre lo que uno es ahora y lo que era en la niñez. Hay diferencias y muchísimas similitudes que invitan a que uno, de cierta forma, establezca esta clase de reproducciones similares. Así que es ampararse un poco en eso, sin olvidarnos que estamos actuando y jugando. Hay algo de lo lúdico que inevitablemente te lleva a la reproducción de actitudes vinculadas a la niñez.

¿Qué representa, y cómo se resignificó, el juego en sus vidas?

B.S: A veces de la búsqueda no de un resultado, sino de estar ahí presente, y la creatividad como una herramienta fundamental, que propone ver las cosas de una perspectiva novedosa, distinta, sorpresiva. La creatividad es una herramienta muy vinculada al juego, la atesoro, la trato de ejercitar, y de tener presente constantemente.

P.M: Para mí, tiene que estar presente en todo el juego. Siento que es creación y, como decía Bri, esta creatividad te permite, de alguna forma, encontrarla, no necesariamente lo lúdico, pero sí la manera de llevar las cosas adelante, también generando un espacio o un proceso, eligiendo y descubriendo tu propia autenticidad.

F.P: Comparto bastante lo que dijeron los chicos. El juego y lo lúdico en muchos artistas está todo el tiempo, volviendo y volviendo, o por lo menos es lo que intentamos, no perder para interpretar desde un lugar con más soltura y libertad. Por supuesto que uno cuando crea, cuando imagina mundos, cuando piensa en personajes posibles, ahí está jugando. Además, como artista me gusta pensar y llevar el juego a la vida, no te digo tomar todo como una gran payasada, pero sí poder ser creativo y tener juego en la vida.

¿Algún juego que sea, o haya sido, representativo en sus vidas?

F.P: Así rápido, me preguntás a qué jugás, o a qué jugabas, y es trepar el árbol, así de entrada. Es lo primero que imagino cuando vuelvo a ver a mi Fer niña. También me encantaba el elástico.

P.M: Pensándolo muy rápidamente, ¡el truco! Me encanta, me representa.

B.S: Lo relaciono un poco con la niñez, no porque ahora no juegue. Pero de chico mis padres me compraron muchos juguetes y yo contaba cuentos con los personajes que se me iban armando en la cabeza.

Tomar nota

Juegos de fábrica, la obra se presenta los martes a las 20.30 en Ítaca Complejo Teatral, ubicado en Humahuaca 4027, CABAl. Las entradas pueden adquirirse a través de Alternativa Teatral.

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