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Crítica de “Motel Destino”: El erotismo y la tensión según Karim Aïnouz
Motel Destino, dirigida por Karim Aïnouz (Praia do Futuro, 2014; La vida invisible de Eurídice Gusmão, 2019), es un thriller erótico que explora nuevamente las atmósferas tensas y los deseos reprimidos que el director ya había trabajado en proyectos anteriores. La acción se desarrolla en un motel aislado, donde tres personajes quedan atrapados entre el calor, el peligro y una serie de decisiones precipitadas que desencadenan el caos.
La trama sigue a Elias y Dayana (interpretados por Fábio Assunção y Nataly Rocha), una pareja que administra un motel dedicado a encuentros sexuales en una remota región del norte de Brasil. Su relación está marcada por un estricto conjunto de reglas que, aunque parecen mantener el control, también exponen las tensiones subyacentes entre ambos. Todo cambia con la llegada de Heraldo (interpretado por Iago Xavier), un joven fugitivo que busca refugio, huyendo de los problemas que dejó atrás.
La presencia de Heraldo perturba la dinámica entre Elias y Dayana, desestabilizando el delicado equilibrio que han construido. Dayana, intrigada por el enigmático y peligroso joven, comienza a desarrollar una conexión tensa y cargada de deseo. Mientras sus interacciones se tornan cada vez más ambiguas y peligrosas, las tensiones aumentan, revelando los límites y vulnerabilidades de todos los involucrados. Lo que comienza como una atracción prohibida pronto se transforma en un intrincado juego de poder y manipulación, en el que los personajes buscan desesperadamente liberarse, no solo de las normas que los gobiernan, sino también de las propias barreras emocionales que los mantienen atrapados. El resultado es un plan arriesgado que amenaza con destruir a quienes intentan escapar de su propia realidad.
Uno de los aspectos más destacables de Motel Destino es su apartado visual, a cargo de la directora de fotografía Hélène Louvart, que emplea luces de neón y tonos saturados para crear una atmósfera que oscila entre lo sensual y lo inquietante. Los espacios del motel, con sus espejos en el techo y decoraciones kitsch, funcionan como metáforas de los personajes: atrapados en sus fantasías, pero sin poder evadir la realidad.
El calor abrasador que envuelve a los personajes incrementa tanto el malestar físico como el emocional. La película mantiene una constante tensión entre el deseo y el rechazo, donde cada movimiento parece diseñado para mantener al espectador en vilo. Sin embargo, a medida que la historia avanza, la narrativa se diluye en ciertos momentos y los diálogos se tornan predecibles, lo que afecta el ritmo general. Aunque el inicio es intrigante, las inconsistencias de la trama debilitan la tensión inicial, lo que deriva en una pérdida de coherencia y varios elementos sin resolver.
El trío protagonista presenta interpretaciones sólidas, especialmente en la fisicalidad de sus personajes. Assunção, Rocha y Xavier logran transmitir las complejidades emocionales de sus roles, entre la atracción, la culpa y la desesperación. Las escenas íntimas no se limitan a lo sexual, sino que funcionan como claves para comprender la psicología de los personajes.
Motel Destino cautiva por su atmósfera envolvente y su cuidada dirección artística, pero sufre de un guion que no termina de aprovechar todas las posibilidades de la historia. El resultado es una película visualmente potente, pero con una narrativa que se queda a medio camino.