Dos paladines del cine
Fermín Rivera y Emiliano Penelas reivindican la protección del soporte fílmico
Tanto Rivera como Penelas han ejercido sus labores en el cine en estas dos décadas utilizando y dándole importancia y trascendencia al soporte en fílmico. Y habiendo trabajado en conjunto en siete películas, finalmente codirigieron este documental que es no solo una reivindicación de ese material primal de la cinematografía, sino también un alerta a la necesidad de una convivencia con el más abarcador y popular del digital. Que si a priori es más “económico” su subsistencia y permanencia en el tiempo lo hace encarecer en gran medida. Por un lado está Fermín Rivera que además de realizador es productor y guionista, que ha ganado muchos premios a nivel nacional e internacional. Su filmografía incluye estos títulos: Pepe Núñez; lutier (2004, documental, 70’), Huellas y Memoria de Jorge Prelorán (2009, documental, 79’), Alumbrando en la oscuridad (2012, documental, 62') codirigida con Mónica Gazpio. El olvido (2013, cortometraje, 13') integrante de Historias Breves 8. Apuntes sobre Clara (2017, documental, 60'), una película encontrada/película inconclusa sobre un film inacabado de Jorge Preloran (El más grande realizador argentino de documentales fallecido el 28 de marzo de 2009 en Los Ángeles, California, Estados Unidos). RJW (2022, documental, 66’), sobre la obra de Rodolfo Walsh declarada de interés cultural por la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires y por la provincia de Rio Negro, y Continuará... (2024, documental, 63’).
Su coequiper Emiliano Penelas es Director de fotografía (DF), realizador, fotógrafo, coleccionista de fílmico y programa cineclubes desde hace más de dos décadas. Fue DF de más de 20 películas documentales y de ficción, incluyendo las siete películas de Rivera. Como director realizó estos films: Matanza (2002, documental, 73') codirigida con Nicolás Batlle, Rubén Delgado y Sebastián Menéndez; Buenos Aires, Montevideo, Buenos Aires (2006, corto documental, 8'), Paseo (2009, corto animado, 3'), Tres minutos de mar (Uruguay-Argentina, 2010, corto experimental, 4'), Llamado a las minorías silenciosas (2023, corto poético, 2') codirigida con Cintia Irene Orellana y Continuará... (2024, documental, 63’).
Este registro fílmico sin duda les hubiera encantado a tres personas que aunque nacieron en el exterior, se radicaron en la Argentina y amaron el cine de aquí y que vivieron momentos parecidos y sentimientos cercanos a lo que Continuará… nos cuenta. Ellos fueron Octavio Fabiano tanto preservador, coleccionista y difusor de cine argentino, como periodista, editor, productor e investigador; Damiano Berlingieri, el mítico y más querido e histórico proyectorista de fílmico en 35mm y Hayrabet Alacahan que fue archivista, coleccionista, programador, periodista, escritor y cineclubista.
¿Cómo fueron los primeros acercamientos al cine, obviamente fílmico?
Emiliano Penelas (E.P.): Yo cuando tenía 5 o 6 años mi viejo me regaló un Cine Graph. Mi hermano que era más chico, en los Cumpleaños sentaba a su amiguitos de 2 años y viendo el Cine Graph les leía y contaba la vida de San Martín, la vida de Sarmiento. Con el tiempo yo empecé a juntar películas en VHS. Y era un obsesivo, las catalogaba y les ponía un numerito a cada una, y todo. El primer proyector que tuve me lo regaló Paraná Sendrós (un colega, veterano cronista cinematográfico) que me dijo: tengo un proyecto de Super 8, si lo querés venilo a buscar hoy, ¡porque si no lo tiro en la calle! (Risas)… Yo tenía una peliculitas que juntaba, pero no tenía algo metódico para pasarlas. Tenía unos proyectores pero no les confiaba nada. Calculo que los films en VHS los juntaba desde 1989 y el proyector que me regaló Paraná habrá sido en 1999.
¿En aquel año ya eras DF?
E.P.: No, no. Empecé a estudiar cine en la Escuela de Eliseo Subiela, cuando yo estaba en el secundario en el ‘93 por ahí. Fuimos los de la primera camada de esa escuela. Después entré en la ENERC (Escuela Nacional de Experimentación y Realización Cinematográfica), que por entonces se llamaba el CERC (Centro de Experimentación y Realización Cinematográfica), en el ’97. Ahí empecé a estudiar para ser DF, aunque hasta ese momento yo quería ser director.
¿Y ya estaban Octavio Fabiano y Fernando Martín Peña tratando de rescatar las películas “ahogadas” en el subsuelo inundado de la ENERC?E.P.: (Sonrisas) Puede ser… Yo me acuerdo de ir al Cine Maxi (Carlos Pellegrini y Tucumán, CABA) y ahí Peña pasaba películas. Me acuerdo de ir al subsuelo de la Galería del Óptico (Av. Corrientes al 1200, CABA) que también tenía una salita ahí con Fabiano.
¿Y tú versión?
Fermín Rivera (F.R.): A mí también el Cine Graph era una cosa que me llamaba la atención. Mi abuelo tenía como hobby coleccionar cámaras antiguas. Pero eran como bastante inaccesibles. Muchos años después heredé algunas de esas cosas. Encima él tenía un proyector de 9 y medio mm que es una rareza, que yo aún lo conservo y películas familiares en 16mm. Y de chico, por algún motivo, incursioné en los cines continuados, donde veías 3 películas de continuo. Y te tenías que tomar dos colectivos, porque había muchos en Flores y Floresta. No había en el Centro. Por ahí entrabas con una película empezada. Veías de ahí hacia el final. Después la siguiente, y la siguiente y veías el principio de la primera para completarla. Pero si daban dos películas más, yo me quedaba. También veía la tele y las series, era fanático de El Zorro.
¿Y en relación a juntar cosas de cine, merchandising, memorabilia y cosas así?
F.R.: Yo no tanto. En mi caso es más filmar. Para mí no es tanto lo de coleccionar y proyectar, para mi es más el hacer y con fílmico. Por eso en determinado momento en que teníamos un montón de material, pero no funcionaba la película, de estructura no me cerraba y yo soy bastante obsesivo, ahí se me prendió la lamparita y me dije: el protagonista de esta película tiene que ser Emiliano, a quien conozco hace veinte años y que trabajamos juntos en mis siete películas. La solución la tenía al lado. Él es cineclubista, es coleccionista, tiene un montón de proyectores, y entonces el que tiene que llevar adelante la acción, el protagonista es él. Casi siempre cuando le hago una propuesta, me dice que no (Risas), pero en este caso me dijo, sí, puede ser. Así que, acá estamos.
¿Qué soportes utilizaron para filmar Continuará…?
F.R.: La película tiene mucho Súper 8, tiene 16mm, todo hecho por nosotros. Yo siempre en mis proyectos pongo material en fílmico. Huellas y Memoria de Jorge Prelorán tiene 16mm, no sé si te acordás de esa parte que rodé con Jorge frente al mar, es todo en 16. Mi primera película Pepe Núñez; lutier, hay partes que están en fílmico que fue la tesis de Emiliano (Penelas) de la ENERC en fotografía. Y la de Walsh también (“RJW”) por una cuestión de archivo y de estética. Y por hache o por be, en todas mis películas termino poniendo sobre todo Súper 8, que es lo más cómodo en términos de producción y lo más accesible, por más que no hay dudas de que es costoso, pero lo que te da a nivel estético, a nivel visual y a nivel performático, como usamos en esta película; es impagable. Trasciende muchísimo lo que te puede dar el mejor formato en video digital.
¿Además de entrevistas grabadas por ustedes y de los materiales de archivo gráfico y fílmico, hay escenas recreadas, como por ejemplo ese estudio donde colocas sillas y luego hay proyecciones?
E.P.: Bueno pero eso es real. Es donde yo tengo el Cine Club. Digamos es recreado porque no era un día de función, pero es lo que hago casi siempre. Entrar y luego colocar las filas de sillas para el público, monto la mesa, pongo el proyector, pruebo imagen y sonido, es lo que hacía todas las semanas. Es el salón de una biblioteca donde yo manejo el Cine Club La Rosa que suelo pasar films en 16mm. Es la Biblioteca Carlos Sánchez Viamonte que está en la calle Austria entre Peña y French. Es una biblioteca socialista de 1917. Es la puerta que se me ve saliendo de noche y la función en donde hay gente que aplaude. Eso es algo que yo hago habitualmente. Como ya no tengo tiempo libre, todo eso de las proyecciones lo hago allí eventualmente.
¿Y de dónde procurabas esos materiales, si no eran películas de tu colección?
E.P.: Básicamente de las Embajadas que prestaban mucho material fílmico y ahora dejaron de prestar porque la mayoría dejaron de tener esos soportes. Ahora tienen en su mayoría DCP, DVD, digital en pendrive. Además mucha gente que iba a las exhibiciones en fílmico, al final te pedía si se podían sacar una foto con el proyector. O cuando cambiaba el rollo al terminar un acto, se daban vuelta para mirarme a mí como cambiaba el rollo. Eso fue una función real, que se filmó y no está recreada.
F.R.: Es que hay un lugar en que las fronteras se cruzan. Es más difuso, es como que la puesta y la realidad se mezclan, hay una parte y una parte. No es todo tan blanco y negro. Sobre todo en el documental.
¿Cómo y cuándo definieron el enfoque conceptual del film, el objetivo básico?
F.R.: La idea vino a partir de que yo tenía un sentimiento maniqueo y nostálgico porque no había más proyecciones en fílmico. Kodak había dejado de producir película virgen. Y además había como una sensación de festejo de muchos productores que pensaban que todo iba a ser mucho más barato, más fácil, más lindo, más económico. Y para mí no era tan así y empecé a investigar el tema y cada vez me convencía más de eso. Y le propuse a Emiliano de hacer algo al respecto. Esa vez me dijo que no, que el cine no había muerto, que no iba a morir nunca, que era solo un tema de formato. Hasta que lo fui o se fue convenciendo él y arrancamos, con distintas cosas. Fueron muchos años en los cuales el distribuidor Juan Carlos Fisner nos avisó que una distribuidora estaba tirando latas y rollos de película por la zona del Barrio del Cine. Y así se fue formando una cadena de nombres y presentaciones de diversas personas que nos fueron metiendo en esta cuestión. Y con el tiempo fui cambiando mi visión. Yo era más del lado de nostalgia y despedida del cine.
¿Qué cosas te hicieron cambiar de parecer, y de enfoque?
F.R.: Y nos fuimos dando cuenta de que Kodak seguía produciendo y que había acá dos laboratorios (chiquitos) como Arco iris y el de la Universidad de Cine, que siguieron. Y que había muchos estudiantes de cine que estaban incorporando el fílmico. Y muchos directores internacionales le pidieron a Kodak que siguiera produciendo porque no tenían forma de preservar el material. El año pasado los responsables de Oppenheimer (2023, Christopher Nolan) hicieron copias en el mundo en 35mm y se proyectó aquí en la sala Leopoldo Lugones y tuvo llenos totales. Esa idea de fin del cine fue mutando, y ahí está el título que es Continuará… El cine va a seguir, de otra forma, mucho más pequeña, algunos dicen de nicho. Pero el fílmico es el que te garantiza que algo dure 100 años o más. Y el digital no te lo garantiza. Más los temas de la obsolescencia programada y la migración constante de formatos.
Sí, era terrible ver esos containers llenos de latas y rollos de películas, fue una manera de deshacerse de las películas.
E.P.: Si esas imágenes las vimos y vivimos. Incluso una vez fuimos a Warner (sobre la calle Tucumán) y el depósito estaba lleno. Y cuando volvimos tiempo después, estaba pelado. El encargado me mostró en la bóveda, que antes estaba colmada, una sola copia que aún quedaba que era de Apocalipsis Now (1979, Francis Ford Coppola), porque por contrato había dispuesto Coppola que cada distribuidora que tuviera una copia tenía que conservarla a perpetuidad.
Por lo general las copias de los films de los estudios norteamericanos, los tiraban dos años después de su explotación comercial.
F.R.: Y las quemaban también. En una época ante escribano quemaban las copias. Por contrato podían comercializarla durante dos años, después tenían que eliminarlas así quemándola frente a un escribano para no seguir lucrando con la película.
E.P.: Ese punto de la destrucción de las copias, tiene que ver con el hecho de que no haya una Cinemateca. Porque si hubiera una Cinemateca hubiera rescatado dos copias de cada película. Por ley dos copias estrenadas en nuestro país tienen que ir por obligación a guarda.
Tocaste el tema que a muchos aún nos sigue preocupando. ¿Por qué aún no hay una Cinemateca Nacional que preserve y conserve los films, entre otras tantas cuestiones?
F.R.: El primer punto es el tema del presupuesto. Esa ley no se reglamentó durante un montón de tiempo. (Fernando Martín) Peña había dicho que se producen 100 películas al año y con el presupuesto de una alcanza para hacer un montón de cosas. Y esa es la clave. Más la falta de conciencia y toda esa mirada que por ahí tiene cierto sector de la producción, la de correr detrás de la zanahoria, la de salvarse, la de la inmediatez, bueno si, después, lo dejamos para mañana…Y siempre es tarde. Se han destruido los negativos de la mayor parte del cine argentino silente. Es muy triste.
El DVD, el CD, son soportes físicos que serían como intermedios entre lo fílmico y el streaming en digital. Esa es mi interpretación. Pero en el film Continuará… se habla de la convivencia entre unos y otros. ¿Cómo sería ese ideal, porque aún no existe?
F.R.: El último giro que tuvo que ver con la película es sobre la convivencia entre el fílmico y el digital. Creo que Peña lo dice en la entrevista, hoy por hoy tenés toda la historia del cine en digital y eso es algo buenísimo. Pero tenés que tener la posibilidad de la opción de ver eso en formato que fue concebido originalmente. No podes dejar de tener esa alternativa. El streaming también se nutrió de las películas, del fílmico. Lo que sería interesantísimo es que haya una convivencia: que el streaming aporte a la producción de las películas, a la producción de largometrajes como pasa en distintos lugares del mundo. En cuanto a la producción hay un intercambio. No es un Boca-River, ni un blanco y negro. Eso acá en la Argentina no sucedió, y estamos ahora cada vez más lejos de eso. En muchos lugares del mundo hay un importante porcentaje del presupuesto o ganancias de las Plataformas que va a la producción de cine. Acá no hubo una decisión política para reglamentar ese apoyo de los medios electrónicos a la producción cinematográfica. Hoy estamos en una situación en que están destruyendo el cine, están destruyendo la producción nacional. No incluyen en el Plan de Fomento al documental y con eso no cumple la Ley del Cine. Así y todo soy optimista. Con toda la trayectoria del cine argentino, con todos los directores, con todos los premios de festivales, mas con todos los jóvenes que están estudiando cine, no va a ser un fenómeno tan fácil de parar o eliminar, que es lo que realmente quieren. No quieren que nos veamos representados, es una forma de conocer nuestras historias, como sociedad como cultura. No creo que sea tan fácil de borrarlo de un plumazo.
E.P.: Como dice Fermín en relación a la esperanza y la expectativa. Hay algo que tiene que ver con este resurgir de lo fílmico que no sé si es solamente por una sobre exposición de lo digital, por un abuso de esto o una vuelta a los orígenes. También desde el punto de vista comercial. ¿Por qué los grandes estudios eligen guardar sus películas en fílmico aunque las hayan hecho en digital? ¿O por qué hasta las películas de superhéroes están viendo que se filman en 35mm con pantalla verde? Películas donde prácticamente no hay actores, o no hay escenografías, no hay nada, es todo FX y sin embargo las hacen en 35mm. Porque les garantiza tener la mejor calidad de imagen, la posibilidad de expandir esa imagen hasta el infinito o casi, para poder trabajarlo en una computadora, escaneado a un millón de K, pero partiendo de un material absolutamente noble que además le va a permitir conservarlo por muchísimos años. Vos tenés a Kodak, que había quebrado hace unos años, ahora vuelve a sacar una cámara Súper 8. Por primera vez en 40 años aparece una cámara nueva de este soporte. Y películas que había dicho que no las fabricaban más, las vuelve ahora a fabricar. Más reversible, más químicos de revelado. Y las fábricas de fotografía también. Pentax acaba de sacar una cámara nueva de 35mm de medio cuadro que es una maravilla.