En salas de todo el país
Tomás Gómez Bustillo y Mónica Villa narran las “Crónicas de una santa errante”
Una señora piadosa y ferozmente competitiva decide que la mejor manera de ser reconocida como santa es falsificar un milagro. Esta es la premisa de Crónicas de una santa errante (2024), la película escrita y dirigida por Tomás Gómez Bustillo y protagonizada por Mónica Villa. En esta ocasión, el film que transita la comedia, el drama y la fantasía se presenta en diferentes salas del país, entre ellas, el Cine Gaumont (Rivadavia 1635, CABA).
El relato se enmarca en un pequeño pueblo rural, donde una mujer, al descubrir una estatua perdida, comienza a planificar una espectacular reaparición, creyendo que con semejante “obra divina” finalmente será considerada la persona más admirable del pueblo. Pero todo cambia cuando un acontecimiento inesperado comienza a develar la verdadera magia que se esconde a su alrededor.
Una imagen, un recuerdo, una escena de la vida, un pensamiento extraño, hay muchos puntos de origen para una película, ¿cuál fue el punto de partida, verídico o ficticio, para crear este filme?
Tomás Gómez Bustillo: Fue una imagen. Estaba en mi último año de mis estudios de cine y quería encontrar algo para escribir como ópera prima. Y escuchando música me vino una imagen, de una persona que irradiaba luz, era hermosa y perfecta, pero al mismo tiempo, deambulaba por un campo solitario de noche. Esa imagen no me la podía sacar de la cabeza. Me daba como cierta tristeza, alguien que había logrado lo que siempre quiso y, al mismo tiempo, estaba perdida. Ahí arrancaron todas las preguntas que dieron inicio al guion. ¿Quién es esta persona? ¿Por qué brilla? ¿Y por qué anda tan sola? Lo fui hilando poco a poco con el mito rural de la luz mala. Fui dándome cuenta de que se trataba de un fantasma, alguien que todavía andaba en nuestro plano terrenal pero ya no pertenecía, estaba en transición.
Se trata de tu ópera prima, ¿qué balance personal y profesional hacés de esta obra?
T.G.B: Se me hace muy difícil desentrañar lo personal de lo profesional en este proceso. Pero bueno, creo que algo personal que me llevo del proceso es aprender a manejar e ignorar esos pensamientos autocríticos que te convencen constantemente de que sos un impostor, de que el guion no sirve para nada, de que jamás vas a lograr hacer la peli. La realidad es que hacer una película es realmente muy, muy difícil. Uno mira a otros directores y directoras desde afuera y piensa que las cosas se dieron con bastante facilidad, ven el caminito trazado con bastante nitidez. Pero la realidad es que, en esos años de armado de proyecto, lidias con cientos, quizás miles de rechazos, de obstáculos, de momentos que parece que jamás saldrán las cosas y que sería mucho más fácil dedicarse a otra cosa. La perseverancia es mucho más importante que el talento en el cine.
Por otro lado, a nivel profesional, siento que la obra fue y sigue siendo un proceso de crecimiento. Siento que recién ahora me estoy graduando de la escuela de cine, porque marca el final de una trayectoria que arrancó como un sueño imposible en las aulas y termina como una película real en las salas. Mil cosas que a uno no le enseñan en las aulas simplemente porque las tenés que vivir en carne propia. En ese sentido, el balance es muy positivo, siento que crecí.
El film fue elogiado en los Film Independent Spirit Awards, donde obtuvo tres nominaciones, ¿qué te significó este reconocimiento?
T.G.B: Fue una locura total. Esa es la pura verdad. Me acuerdo que el día que recibimos las nominaciones, yo tenía jet lag y fiebre. Juré que estaba delirando. No podía creer que nuestra película independiente realmente pequeñísima estuviera compitiendo mano a mano con producciones de A24, Focus Features, Netflix. Más allá de lo lindo que es el reconocimiento, significó mucho más que un halago. Gracias a las nominaciones pudimos asegurarnos una llegada más amplia a salas de cine en Argentina y también en Estados Unidos. La empezó a ver gente en todo el mundo. Se nos empezaron a abrir muchas puertas para futuros proyectos. La verdad es que hasta el día de hoy que no caigo.
En tu caso, Mónica, ¿qué fue lo que más te sorprendió de esta película?
Mónica Villa: Si bien el tema de los milagros es algo trillado, cómo Tomás lo cuenta me pareció diferente y joven, imaginativo y divertido. La película tiene humor y habla de la redención del amor después del amor, la redención del alma humana, tenés tiempo de darte cuenta de que estuviste muy mal y podés transformar las cosas haciendo un sacrificio. Me encantó ese mensaje, que no da nadie en este momento. Se trata de una película acotada y sencilla, sin pretensiones, donde se retrata este pueblito tan pequeño, esta mujer tan intrascendente, y también a toda una sociedad. ¡Es muy linda de ver la película!
El film no se encasilla únicamente en un género, ¿cómo fue bucear en este relato?
M.V: Para mí, fue difícil porque era toda gente muy joven. Y al hacer un rol protagónico donde todos son tan jóvenes, me sentía rara, porque venía de experiencias al revés, en las que yo era una de las más jóvenes. Al principio me sentí incómoda y, después, me dije, 'no, esto lo tenés que agradecer, Mónica, es una oportunidad que te da la vida para renovarte, dejar atrás pelusas del pasado, compartir y aprender otras cosas de toda esta gente que está haciendo cine hoy'. Eso fue lo que más me gustó. Además, Tomás tiene muy claro lo que quiere como director, y como director de actores. De pronto, yo hacía una escena y él me preguntaba '¿cómo te sentiste?'. Yo le respondía 'no sé', y él me planteaba 'a mí no me gustó, no me pareció que sea lo que es el personaje'. Luego, yo le confesaba 'ay, gracias, porque yo no me sentí del todo bien', y la volvíamos a hacer con mejores pautas y entendía lo que él quería de mí. ¡Eso me fascinó!