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Crítica de “Bajo la superficie”: Josh Hartnett en la serie sobre los miedos subacuáticos de una familia
La miniserie canadiense creada por Jesse McKeown retoma la clásica historia del monstruo submarino para poner en primer plano los conflictos de una familia disfuncional y los vínculos que la mantienen unida.
Al comienzo de Bajo la superficie (Below, 2026), la casa de una familia es transportada sobre una balsa tirada por una pequeña lancha. La imagen resultaría ridícula si no fuera por la lectura simbólica que propone la serie: asociar los temores familiares con la presencia de una criatura sobrenatural en el fondo del mar. No por casualidad, una placa recuerda la política gubernamental de reubicación del pueblo, vinculando el desarraigo con la inestabilidad que transmite esa casa a la deriva.
Décadas después de aquel traumático episodio con su padre, Calvin Penney (Josh Hartnett), un pescador aferrado a su vida en el pueblo de Terranova, ve su vida alterada ante la aparición de una extraña criatura marina. Obligado a proteger a su hijo Wade (Charlie Heaton) y al resto de su familia, Calvin contará con la ayuda de una investigadora marina recién llegada a la isla (Mackenzie Davis) para enfrentar la amenaza. El monstruo saca a la luz los secretos que esconde el pueblo.
El enfrentamiento con la bestia —o, en realidad, con los miedos que despierta una nueva amenaza de reubicación— se convierte en el motivo que reúne a los integrantes de una familia fracturada. La criatura funciona así como catalizador de conflictos que exceden el género fantástico: el desarraigo, las heridas familiares y la dificultad de aceptar cambios que, por aterradores que resulten, parecen inevitables.

La serie desarrolla personajes entrañables y sus vínculos antes de desembocar en el enfrentamiento con la bestia marina. En ese sentido, se puede comparar con Tiburón (Jaws, 1975), de Steven Spielberg. Pero si el clásico convierte la presencia del depredador en una amenaza que expone las tensiones entre la comunidad, la política y la supervivencia, Bajo la superficie utiliza a la criatura como disparador de un drama sobre los vínculos familiares y el desarraigo. El monstruo no es tanto el centro del relato como el recurso fantástico a través del cual la serie explora los temores de una comunidad frente a la pérdida de sus certezas.
Con seis episodios de poco más de media hora, Bajo la superficie encuentra en esa tensión entre lo fantástico y lo cotidiano su principal fortaleza. La amenaza marina aporta suspense y habilita algunos giros narrativos, pero es el entramado familiar el que le da sentido a la historia.