En la Web
Crítica de “Hope: El primer impacto”: El descomunal espectáculo de monstruos de Na Hong-jin
Na Hong-jin ("The Wailing") vuelve con un explosivo cóctel de ciencia ficción, terror, monstruos, humor negro y western rural.
Presentada en Cannes, Hope: El primer impacto (Hope, 2026) es, ante todo, un espectáculo arrollador. Na Hong-jin —director de The Yellow Sea y The Wailing— regresa después de una década con una película desmesurada en la que se mezclan ciencia ficción, terror, monstruos, humor negro, persecuciones y western rural.
La historia transcurre en una pequeña localidad portuaria de Corea del Sur, cerca de la frontera con Corea del Norte, donde un misterioso descubrimiento desencadena una amenaza que obliga a la policía y a un grupo de cazadores a defender a una comunidad aislada. Y es justamente ahí donde el film se transforma en un western de monstruos. Está el pueblo que hay que defender, el sheriff —o su equivalente coreano— que intenta mantener el orden, los cazadores que se internan en el bosque, las armas, los caminos rurales, la amenaza invisible, etc. La película convierte ese pueblo en un enorme escenario de supervivencia.
El gran mérito de Na Hong-jin está en la puesta en escena. La profundidad de campo adquiere una importancia central: algo puede estar ocurriendo en primer plano mientras, al fondo, aparece otra amenaza; los personajes pueden estar buscando al monstruo sin saber que ya están siendo observados. La tensión nace muchas veces de aquello que el encuadre permite ver y, sobre todo, de aquello que todavía no vemos. En ese sentido, la película demuestra una vez más por qué el cine coreano entiende mejor que nadie al género. Desde The Host (2006), de Bong Joon-ho, hasta Invasión zombie (Train to Busan, 2016), de Yeon Sang-ho, la amenaza sobrenatural funciona como vehículo para hablar también de la sociedad, los vínculos humanos y la supervivencia.
Pero donde realmente sorprende Hope: El primer impacto es en la manera de filmar las persecuciones. Las cámaras están permanentemente en movimiento, los vehículos atraviesan el cuadro a toda velocidad y la acción se construye a partir de posiciones, velocidades y puntos de vista que se modifican constantemente. Si en Una batalla tras otra (One Battle After Another, 2025) Paul Thomas Anderson había demostrado hasta qué punto todavía era posible filmar persecuciones en ruta con ingenio, escala y una extraordinaria conciencia espacial, Na Hong-jin lleva esa potencia al cine de monstruos.
El punto más flojo está en el diseño visual de las criaturas. Son una suerte de versión rural y monstruosa de los gigantes azules de Avatar, pero sin la sofisticación de aquellos. Acá el artificio digital se impone sobre los personajes y el renderizado queda demasiado expuesto. Un detalle no mejor que ya resulta evidente y que, con el paso de los años, probablemente envejezca todavía peor.
Pero Hope: El primer impacto no pretende construir una lectura realista del mundo. Su capacidad para mutar de un registro a otro se impone, ante todo, como espectáculo: un western de monstruos, una película de persecuciones y una aventura desbordada que apuesta por el exceso antes que por la verosimilitud. Y, sobre todo, confirma que el cine coreano sigue siendo uno de los territorios donde el género todavía encuentra formas de sorprender.