Desde el 1º de octubre, “Mafalda Inmersiva” en El Recoleta

Mafalda sale del papel: así será la experiencia inmersiva que llega al Centro Cultural Recoleta

La experiencia dedicada a la obra de Quino se estrenará el 1º de octubre en el Centro Cultural Recoleta. Con trece salas, realidad virtual, proyecciones en 360 grados y personajes en escala real, la muestra busca trasladar el lenguaje de la historieta a un recorrido de 1.300 metros cuadrados.

Mafalda sale del papel: así será la experiencia inmersiva que llega al Centro Cultural Recoleta
lunes 14 de septiembre de 2026

Mafalda lleva más de seis décadas mirando el mundo desde una página. Allí, entre el blanco del papel y los trazos de Quino, aprendió a desconfiar de los adultos, a discutir sobre política en la mesa familiar y a convertir una aversión a la sopa en una posición frente a lo impuesto. El próximo 1º de octubre dejará ese espacio para ocupar otro: 1.300 metros cuadrados del Centro Cultural Recoleta.

Mafalda Inmersiva propone trasladar la historieta a un recorrido físico compuesto por trece salas. Habrá proyecciones en 360 grados, video mapping, sonido envolvente, realidad virtual para varios usuarios, pantallas interactivas, música, escenografías y esculturas de los personajes en escala real. La visita tendrá una duración aproximada de una hora.

La lista de recursos puede hacer pensar que la intención consiste en modernizar a Mafalda. Sin embargo, el proyecto enfrenta un problema anterior a la tecnología: cómo poner en movimiento a un personaje cuya voz siempre existió en la imaginación del lector.

Esa pregunta acompañó los tres años de desarrollo de la muestra. La respuesta fue conservar los globos de diálogo. Mafalda, Felipe, Susanita y Manolito no tendrán voces asignadas. Sus palabras continuarán escritas para que cada persona pueda escucharlas como lo hizo cuando leyó por primera vez una tira de Quino.

La decisión reconoce que el silencio no era una carencia de la historieta, sino uno de sus recursos. Entre una viñeta y otra, el lector completaba una pausa, imaginaba un tono o prolongaba una mirada. Darles una voz definitiva a los personajes habría clausurado una parte de esa relación. La muestra les dará movimiento, volumen y entorno, pero dejará las conversaciones en manos de quienes recorran las salas.

El color presentó otro dilema. Mafalda nació asociada al blanco y negro, aunque a lo largo del tiempo circuló también en ediciones coloreadas. La referencia para la exposición apareció lejos de Buenos Aires. Durante un viaje por Europa, Damián Kirzner, director y productor general del proyecto, encontró en una feria de libros usados de Burdeos una colección publicada por la editorial francesa Glénat. Los colores de esa edición habían sido aprobados por Quino y se convirtieron en la guía visual de la experiencia.

El episodio resume parte de la tensión que atraviesa la propuesta. Para sacar a Mafalda del papel fue necesario volver a los libros. La tecnología podrá extender las paredes, multiplicar las imágenes y recrear los ambientes, pero las decisiones centrales siguen dependiendo de la obra original.

Las animaciones fueron desarrolladas a partir de los dibujos y textos de Quino. En el proyecto participaron artistas, realizadores audiovisuales, diseñadores, animadores, escenógrafos y especialistas tecnológicos de Argentina, España e Inglaterra. La producción cuenta además con la licencia de los sucesores de Joaquín Salvador Lavado Tejón.

La transformación de obras conocidas en experiencias inmersivas ya ocupa un lugar dentro de la industria cultural. Pintores, músicos y personajes literarios son llevados a salas donde las imágenes se proyectan a gran escala y el público deja de ocupar una posición fija. En lugar de observar una pieza, camina dentro de ella.

Con Mafalda, ese procedimiento adquiere otra dimensión. El personaje no permanece en la memoria por sus escenarios, sino por aquello que decía desde ellos. Su departamento, la escuela o la vereda eran espacios cotidianos desde los cuales Quino hablaba sobre la guerra, la desigualdad, la familia, los medios de comunicación y las contradicciones de la vida política.

Por eso, el desafío de Mafalda Inmersiva no será solamente reproducir su mundo, sino preservar la distancia crítica con la que lo observaba. La escala de las imágenes importa menos que la vigencia de sus preguntas. Mafalda pertenece a una época, pero las conversaciones que mantuvo con sus padres y amigos todavía encuentran correspondencias en el presente.

La muestra busca reunir a quienes crecieron leyendo las tiras y a quienes conocerán al personaje por primera vez. También incluirá un sector de juegos destinado a los chicos. Ese encuentro entre generaciones quizá sea uno de sus puntos de interés: mientras algunos visitantes reconstruyan una memoria de lectura, otros entrarán al universo de Quino sin haber pasado antes por el papel.

Mafalda Inmersiva abrirá el 1º de octubre de 2026 en el Centro Cultural Recoleta de Buenos Aires. Las entradas se encuentran en preventa a través de Ticketek. Una vez terminada su temporada argentina, la exposición tiene previsto iniciar una gira por Europa y Latinoamérica.

Mafalda viajará, cambiará de escala y aprenderá a moverse. Sus palabras, en cambio, seguirán dentro de una burbuja. Tal vez allí permanezca el vínculo con aquella niña que nunca necesitó hablar para hacerse escuchar.

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